Nadie lo puede creer. Sus amigos no entienden una reacción tan brutal. "Diganme que la gatita no hizo eso"; "por qué lo hiciste, amiga", fueron sólo algunos de los mensajes que sus allegados dejaron en la cuenta de Facebook de Shirley Leslie Silva Padilla, minutos después de que se conociera su detención por un doble homicidio. En tanto, la viuda de una de sus víctimas reclamó cadena perpetua.

El periplo criminal de Silva Padilla, de 25 años, alias La Gringa o La Gatita, se desarrolló en una humilde barriada de San Juan de Luringacho, en cercanías del centro de Lima. En una calle, la mujer bebía licor junto a Francisco Alhuai Carrillo, de 30 años. Ya era de madrugada cuando un sujeto se acercó y le dijo un piropo. Sin dudarlo, la irritable pistolera tomó un arma y lo mató de dos balazos, a sangre fría. El cuerpo quedó tendido en plena calle.

Minutos después, sin remordimientos, la asesina y su compañero fueron a buscar dinero para ir a comer. Entonces, llegaron hasta el local de Freddy Marcas, donde pidieron un plato de arroz chaufa, un plato típico peruano compuesto por arroz frito con diversos tipos de carne. El cocinero les preparó la comida y se la sirvió.

Minutos después llegó la queja: el plato no tenía pollo. Sin atender al reclamo, Marcas salió de la cocina y les exigió que le pagaran la cuenta, por lo que Silva Padilla volvió a empuñar su arma y le pegó un balazo en la cabeza. Rápidamente, la mujer y Alhuai Carrillo salieron del lugar, tomaron un mototaxi y se refugiaron en un hotel cercano.

Sin embargo, instantes después fueron hallados por la policía y ambos quedaron detenidos. Por su parte, Marcas fue trasladado hasta un hospital cercano, donde finalmente murió, ante el desesperado llanto de su esposa y de su pequeña hija, de ocho años.

Reclamo
"Por un plato de chaufa nada más. La chica le ha reclamado a mi esposo que le dé más pollo y mi esposo le dijo que ya tenía. Si quieres más pollo le aumentamos (la cuenta), le dijo, pero ni siquiera terminó de hablar y le disparó en la cabeza", lamentó, entre llantos, la viuda, quien recordó las últimas palabras de su esposo: "Cierro el local y ya vengo".

Por eso, entre lágrimas, reclamó que se haga justicia y que el cruel asesinato no quede impune. "Quiero que la condenen a cadena perpetua", dijo, desconsolada.