El líder norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente surcoreano, Moon Jae-in, se verán ese día en Peace House, un pabellón del lado sur de la Zona de Seguridad Conjunta (JSA), único punto de la militarizada frontera entre los dos vecinos en el que soldados norcoreanos y surcoreanos se ven las caras.

El encuentro será también el prólogo a la cumbre de mayo venidero entre Kim y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, férreo aliado de Seúl.

Ambos líderes intercambiaron insultos personales y una retórica belicosa el año pasado luego de que Pyongyang efectuara su sexta y más poderosa prueba nuclear en septiembre y lanzara tres misiles intercontinentales, que, según los analistas, pueden alcanzar el territorio continental estadounidense.

En todo caso, Seúl celebró que se concretara por fin la fecha para el encuentro de líderes, anunciado originalmente hace tres semanas.

El gobierno surcoreano considera que la cumbre “puede ser una oportunidad única para establecer la paz en la península coreana”, según el breve comunicado de un portavoz de la Casa Azul recogido por la agencia de noticias Yonhap.

La del 27 de abril será la tercera cumbre intercoreana después de la dos celebradas en Pyongyang en 2000 y 2007 entre el entonces líder del Norte, Kim Jong-il, y los mandatarios sureños Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun.

Las cumbres de abril y mayo desataron una frenética actividad diplomática que tuvo su máxima expresión con el viaje sorpresa de Kim Jong-un a Beijing para reunirse por primera vez con el presidente chino, Xi Jingping.

Kim expresó su compromiso de abandonar las armas nucleares durante su reunión con Xi, añadiendo que su desnuclearización depende de que Seúl y Washington tomen “medidas progresivas y sincronizadas”.