La foto que retrató los cuerpos del migrante salvadoreño, Óscar Martínez Ramírez, de 25 años, y de su hija Valeria, de un año y 11 meses, ahogados en el Río Bravo, generó repercusiones a nivel mundial. En las últimas horas, la esposa y madre de los fallecidos dio a conocer qué ocurrió con el hombre y la nena, quienes estaban en territorio estadounidense pero volvieron a saltar al río a buscar a la mujer, que estaba en el lado mexicano.

El hombre trabajaba de cocinero en una pizzería de El Salvador, donde ganaba 350 pesos salvadoreños (alrededor de 40 dólares) al mes. Su familia vivía en base a su salario, limitándose a unos 10 dólares diarios, ya que su esposa Tania Vanessa Ávalos, de 21 años, había dejado su trabajo de cajera en una casa de comidas china para cuidar de la hija de ambos. 

La madre del migrante salvadoreño, Rosa Ramírez, aseguró que le pidió a su hijo que abandonara su deseo de llegar al país estadounidense por "la dificultad de cruzar la frontera""Les supliqué que no fueran, pero él quería reunir dinero para construir una casa", lamentó.

Tania y Óscar, los padres de Valeria, de 23 meses. 

Sin embargo, Óscar, Tania y Valeria salieron el pasado 3 de abril de El Salvador y pasaron dos meses en un campamento de migrantes al sur de México, donde esperaron noticias de su solicitud de asilo político en los Estados Unidos. Para intentar acelerar el trámite, viajaron hacia la frontera el domingo.

Sin embargo, una vez que arribaron al consulado, estaba cerrado. También se enteraron de que estaban en una lista de cientos de migrantes para acceder las entrevistas. Por esos motivos, decidieron realizar el cruce ilegal en lugar de esperar, una decisión que se cobró la vida del padre y la nena. 

Óscar llevó a Valeria a través del río, a la altura de la ciudad de Matamoros, al norte del estado de Tamaulipas, en México, hacia las orillas de Brownsville, en el distrito estadounidense de Texas, y giró para buscar a su esposa, que permanecía del lado mexicano, según publicó Daily Mail.

La niña volvió a meterse al agua detrás de su padre y vio cómo el hombre era arrastrado por la fuerza de la corriente. Óscar llegó a la nena y la metió adentro de su remera para evitar que se alejara de su lado pero no pudieron hacer frente al caudal y se hundieron ante la desesperada mirada de Tania. 

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Quien alertó a las autoridades de Protección Civil fue la mujer, quien gritaba por ayuda. Los cuerpos fueron hallados finalmente el pasado lunes boca abajo y cubiertos por unas ramas a orrillas del Bravo. Esa fue la imagen que recorrió el mundo y conmocionó a la opinión pública. 

Tania alertando a las autoridades sobre lo que sucedió con su familia (Foto: AP).

Al rescate de los migrantes

El barco de una ONG española retomó este jueves sus tareas de rescate de refugiados en el Mediterráneo ante el impacto que produjo la foto de dos migrantes que se ahogaron esta semana a las puertas de Estados Unidos. La decisión desafía la política de puertos cerrados de Italia y la prohibición de España de la organización haga su labor. 

Más de 9.500 personas murieron ahogadas al intentar el cruce del Mediterráneo hacia Europa en precarios barcos desde 2014, como consecuencia de la crisis de refugiados que tuvo su pico hace tres años y que vio a muchos países cerrar sus fronteras y puertos a cientos de miles de personas que escapan de la guerra o la pobreza en Asia o África.

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El fundador de Open Arms, Oscar Camps, afirmó que decidió retomar sus actividades de salvamento luego de ver la foto del padre migrante salvadoreño y su hija. La estremecedora imagen recordó a la de Aylan Kurdi, un niño migrante sirio de tres años cuya fotografía, muerto boca abajo en una playa de Turquía, también dio la vuelta al mundo luego de ahogarse en el Mediterráneo en 2015.

"Esta foto me ha dolido más que la de Aylan. 6 meses bloqueados. No aguantamos más. Levamos anclas y nos vamos. Antes presos que cómplices. #NiUnaMas", escribió Camps en Twiter junto a la foto de los migrantes muertos en el río Grande.

La emblemática imagen de Aylan fue el disparador que en septiembre de 2015 llevó a que Camps y un amigo guardavidas marcharan rumbo al mar Egeo, a la isla griega de Lesbos, con una precaria lancha con al que comenzaron a salvar a los refugiados, en su mayoría sirios, que habían huido de la guerra y trataban de llegar a Europa desde Turquía. 

Desde entonces, la ONG ha salvado cerca de 60.000 vidas en peligro, convirtiéndose en un símbolo de humanidad y de protección de los derechos humanos. "Está ocurriendo un holocausto: hay miles de muertos en el Mediterráneo que no se cuentan y nadie habla de ellos", consideró Camps.

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