Un nuevo 14 de febrero se asoma en el horizonte, y las redes sociales ya comienzan a llenarse de corazones. Las publicidades que interrumpen el noticiero de la tarde hablan de un día de romance, rosas, chocolates y promesas a futuro que parecen sacadas de los clásicos de Hollywood. Mientras esta puede ser la realidad para algunos suertudos, 57 millones de personas alrededor del mundo van a pasar San Valentín en Tinder.

Las motivaciones detrás de cada perfil de Tinder siguen siendo las mismas que movían a los enamorados de antaño a tirar piedritas a una ventana en medio de la noche: sexo, amor y curiosidad. Son las vías a través de las cuales buscamos alcanzar esos objetivos las que cambiaron con el nuevo milenio, y son estas las que la periodista y escritora Jimina Sabadú explora en su nuevo ensayo, "La conquista de Tinder".

 

 

 

Entre historias de amor incompletas, cuentos de terror con fetiches innombrables y encuentros furtivos en los bares de España, Sabadú compuso esta disección del amor en tiempos de apps de citas. Más allá de ser un compendio de malas y peores experiencias, ya sean propias o prestadas, la autora agrega un análisis de lo que rodea al encuentro físico: los roles por género, el auge de gurús de la seducción o la (poca) privacidad de las aplicaciones donde usuarios intercambian orgullo, amor y tacto.

En el libro estrenado hace pocas semanas en la editorial Turner, Sabadú examina el funcionamiento de la aplicación de citas más popular del momento, y su negocio en lo que ella denomina como el "mercantilismo del amor": "Hay esa idea de que somos tantos que, al final, se trata casi de elegir un producto: terminas asociando a las personas con bienes de consumo", explicó sobre su libro a la Europa Press.

 

Como todo en el universo de las redes sociales, el romance de Tinder es fácil, rápido, visual y constante. ¿Por qué esforzarse con un match cuando hay otros cientos detrás?, y, "como todas las máquinas tragaperras, cuanto más pierdes, más dinero echas porque necesitas ganar", señala Sabadú.

La frialdad de la pantalla permite olvidar que hay una persona del otro lado, haciendo tan sencillo "poder hacer lo que uno quiera sin que se le vea". ¿Quién, se pregunta Sabadú, va a ir a tocar la puerta de tu casa si mandás a ese match a 32 kilómetros de tu ubicación una foto inapropiada; qué policía va a disparar contra el "viajero amante de la música" que dejó de responder cuando se enteró cuándo cobrabas; a qué tribunal llevarías al match cuya parafilia era la lluvia dorada, tal y como lo mostró en una explícita imagen?

 

Claro que Tinder tampoco se libra de las violencias diarias basadas en roles de género, algo que Sabadú notó en el reparto de roles: "Hay mujeres para divertirse y mujeres para casarse", y tantas otras grandes frases que se ganaron un bloqueo instantáneo. Y después está el escenario pesadilla, ese que te deja frente a una cámara hablando para el próximo gran documental de Netflix: los estafadores

A pesar de sus malas experiencias, Sabadú no busca "demonizar" Tinder. Después de todo, para los ejecutivos en Estados Unidos la "conquista de Tinder" es un negocio más, motivación oculta que se revela cuando se te acaban los 50 likes gratis y Tinder te sugiere un plan premium. Como todo Internet se trata de una herramienta. Para la autora, el problema "es lo que hay detrás de ellas". Así lo planteó para Europa Press: "Se trata de hacer un llamamiento para tratar a los demás como te gustaría que te tratasen a ti".

Ver comentarios