Una amistad de cinco años dio pie para el noviazgo entre Tatiana y John. Nueve primaveras después se casaron en una de las iglesias más reconocidas de Cartagena, Colombia.

Aquella historia parecía indicar que se trataba de un nuevo cuento de hadas, donde el amor que se tenían reinaba con firmeza. Pero a los 12 meses, en el más oscuro de los capítulos, los protagonistas fallaron en el primer intento de tener un hijo.

Varias semanas después, el médico les indicó que el diagnóstico no era el mejor: no podían concebir, ella sufría de endometriosis, una enfermedad inflamatoria que afecta la fertilidad de las mujeres. Cinco cirugías laparoscópicas para explorar y limpiar las trompas de Falopio, cuatro de los más renombrados especialistas en fertilidad de Cartagena, costosos tratamientos, el cuerpo lleno de hormonas. Esperar y esperar que algo pasara. Seis años de calvario, sin resultados.

“Todos los médicos nos hacían tratamientos y comentaban: ‘bueno, ya ella está lista para quedar embarazada’, pero no pasaba nada. El 1° de diciembre de 2016, el último doctor nos dijo que definitivamente ella no tenía ninguna posibilidad de concebir. Que la única forma era con los óvulos de otra mujer, pero yo quería tener el hijo con ella, si no era con ella, no me interesaba. El método natural era nulo, por el nivel de obstrucción en las trompas, la otra forma era el método artificial, una ‘in vitro’, pero ese doctor nos cobraba una plata que no teníamos”, comentó John.

Aun así lo siguieron intentando y escucharon hablar de una clínica de fertilidad de Barranquilla. El 4 de agosto de 2017 sabrían si el tratamiento de fecundación in vitro que habían iniciado semanas antes, en esa clínica barranquillera, había funcionado o no. “Ese resultado lo enviaron por correo electrónico, yo vi el resultado y lo abría una y otra vez, para ver si cambiaba pero no, era no”, agregó John. El costoso tratamiento, finalmente, falló.

“Fue muy feo, porque nosotros teníamos todas las esperanzas puestas en eso. Fue terrible. Estuve en tratamiento psicológico, es como un duelo, es así como cuando te dicen que se te murió un familiar”, recordó Tatiana. Y fue por eso que decidieron tomar un receso, frenar los intentos y esperar. Quedaba otra posibilidad: adoptar. La visita del papa Francisco a Cartagena fue el último recurso del matrimonio. Pedirle al Sumo Pontífice sería depender de un milagro, pero no les quedaba alternativa.

Jorge Mario Bergoglio arribó a la ciudad a las 9.50 de la mañana del 10 de septiembre de 2017. Desde su papamóvil bendijo a los ríos de gente que vieron su fugaz paso por las vías de La Heroica. Llegó al Centro Histórico para rezar el Ángelus en la parroquia de los Jesuitas de San Pedro Claver.

En la fe católica, el Ángelus es una oración con que se recuerda el anuncio del arcángel San Gabriel a la Virgen María de que iba a ser la madre de Jesús. Ahí, dentro del templo, hecha un manojo de nervios, Tatiana esperaba por el papa Francisco. Quería verlo de cerca, hablarle, contarle su problema. Al terminar el Ángelus, hubo una reunión privada con todos los jesuitas y la mujer bajó para esperarlo en el primer piso. Al verla sola, en la puerta de salida, el Papa se acercó a ella y ésta no dudó en mencionarle su historia: -

“Papa, óreme el vientre”, le suplicó y él rápidamente la apoyó la mano y le dio la bendición.
-¿Estás embarazada?, le preguntó: Y ante la negativa de ella, le recomendó orarle a San Ramón Nonato.

Luego, se retiró. Esos segundos fueron horas para Tatiana. Él se fue y ella lloró. Pero al consejo de Francisco el tiempo le dio la razón. “Ya el periodo me había llegado el 23 de septiembre, pero yo seguía rezándole a San Ramón. En octubre no me llegó. Tenía que llegar el 22, yo andaba con malestares y una compañera me decía que yo estaba embarazada, yo decía que no. Recuerdo que fuimos a una farmacia y pedí que me dieran la prueba más económica, porque no tenía ni plata, costó cinco mil pesos. Fui al baño, cuando intenté para echarle las gotitas enseguida me salieron las dos rayas. Yo salí de ahí como loca, gritaba, lloraba. Todos lloraron conmigo”, señaló.

Inmensa felicidad
Sarah Lucía Palacio Cueto
llegó a la vida durante la mañana de un 21 de junio de 2018, en la Clínica Santa Cruz de Bocagrande, nueve meses después de que el papa Francisco bendijera el vientre de su madre. Un letrero rosado gigante con su nombre adorna la habitación. Ella, diminuta, mueve sus manitos, duerme y luego llora inquieta entre los brazos de sus padres. Es la escena de una familia inmensamente feliz. Y es que el amor verdadero hace milagros.