Miles de personas salieron este sábado a las calles en diferentes ciudades de Francia para protestar contra la reforma previsional impulsada por el gobierno de Emmanuel Macron, en el tercer día consecutivo de paro de transportes que mantiene paralizado al país galo.

Las marchas "contra el desempleo y la precariedad", organizadas tradicionalmente por los sindicatos el primer sábado de diciembre, se apropiaron este año de los reclamos contra la reforma jubilatoria del Ejecutivo que pretende reemplazar los 42 regímenes especiales existentes por un sistema único e universal.

En total, 23.500 manifestantes participaron de la convocatoria en todo el país, informó el ministerio del Interior.

Si bien las manifestaciones se desarrollaron en su mayoría sin incidentes, en algunas ciudades hubo choques entre la policía y los asistentes.

En Nantes, grupos de encapuchados y con la cara tapada lanzaron proyectiles contra la delegación del gobierno y rompieron vitrinas y mobiliario urbano, a lo que los uniformados respondieron con gases lacrimógenos.

Alrededor de 500 radicales se habían infiltrado en la concentración, organizada por la Confederación General del Trabajo (CGT), indicó la prefectura.

También hubo altercados en París en la tradicional marcha de los denominados chalecos amarillos, que este sábado intentaron unir su protesta con la manifestación "contra el desempleo y la precariedad" a la altura de la estación de Montparnasse.

La concentración sindical fue encabezada por el secretario general de la CGT, Philippe Martinez, uno de los más fervientes opositores a la reforma previsional, quien no dudó en arremeter contra el gobierno.

"El primer ministro hace todo para que la movilización y la huelga continúen", sentenció.

Los sindicatos decidieron este sábado mantener la pulseada contra el gobierno en las calles con la convocatoria a una nueva jornada de manifestaciones para el próximo martes.

El éxito de la primera jornada de movilización el jueves pasado fue contundente: congregó a unas 800.000 personas en todo el país, un número que sobrepasó las expectativas de los organizadores.

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Aunque Macron promete que la reforma instalará un régimen más justo, casi todos los sindicatos de trabajadores y la izquierda temen de que se trate de una precarización de los jubilados encubierta bajo una supuesta modernización del sistema.

Es un tema muy sensible y los opositores más radicales están preparados para hacer durar la movilización el tiempo que haga falta y a paralizar el país, como ya ocurrió en diciembre de 1995.

Ese año, la huelga duró tres semanas y obligó al gobierno a dar marcha atrás.

Para Macron, que se ha puesto como objetivo de su mandato la "transformación" del país, se anuncian días decisivos.

El contexto social ya está muy tenso en Francia con la movilización de más de un año de los "chalecos amarillos", a la que se suma el descontento en hospitales y prisiones así como también entre los docentes, ferroviarios, agricultores y policías.

Además, la huelga genera enojo en los usuarios del transporte público, en particular en las grandes urbes como la región de París.

El proyecto de reforma completo todavía no se conoce, solo se han avanzado sus principios.

El premier, Edouard Philippe, prometió que el miércoles próximo dará a conocer el texto completo y aseguró que no el proyecto no está en una "lógica de confrontación".

Sin embargo, los líderes de las principales centrales sindicales desconfían de las intenciones del gobierno.

Entretanto, la huelga de transporte público continuó este sábado y seguirá hasta el martes, a menos de 20 días de las fiestas.

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