El mercado de las criptomonedas ha experimentado una de las correcciones a la baja más intensas que se recuerdan en la corta historia de este tipo de activos, hasta tal punto ha sido intensa que a principios de julio la capitalización total de este mercado en su conjunto ya se encuentra muy cerca de los 900 mil millones de dólares, y en el caso de bitcoin y de ethereum en particular han caído a 387 mil millones de dólares (bitcoin llegó a superar con holgura el billón de dólares hace pocos meses, más que todas las criptomonedas en la actualidad) y 141 mil millones de dólares respectivamente, con un precio individual por criptomoneda de 20.350 dólares en el caso de bitcoin y de 1.169 dólares en el caso de ethereum, aunque todavía está por ver si este precio se mantendrá, caerá más, o empezará a experimentar algún tipo de mejoría.

 

Esta fuerte caída, unida a los nuevos máximos históricos marcados en el 2021 y que en el caso de bitcoin supuso que llegase a superar los 67.000 dólares, dan fe de la alta volatilidad de este mercado, lo que supone que negociar con él tiene un alto riesgo para los inversores por mucho que durante los últimos años las criptomonedas se hayan vuelto cada vez más populares a tenor de la velocidad con la que crece la cantidad de personas que utilizan estos activos de una u otra forma.

 

Qué se debe tener en cuenta a la hora de invertir en criptomonedas

 

Invertir conlleva riesgos que toda persona que decida emprender este camino debe asumir, y en el caso de las criptomonedas estos riesgos parecen multiplicarse, no en vano son unos activos que todavía tienen que demostrar que serán capaces de superar la prueba del tiempo y en especial la actual crisis que para algunos economistas amenaza con dejar a la anterior en pañales, al menos en algunas zonas del mundo como Europa, que ha renunciado a muchas fuentes de energía propias y no se encuentra en las mejores relaciones con el que era su principal suministrador de gas natural. Es por ello que antes de empezar a invertir en criptomonedas conviene tener en cuenta algunos consejos que pueden llegar a ser de utilidad para según qué tipo de traders.

 

Lo primero es decidir qué tipo de inversor se va a ser; un holder de cartera fría que se encarga de custodiar sus propias criptomonedas asumiendo la salvaguarda de las claves privadas bajo la premisa de que si no tienes las llaves no son tus criptomonedas, un comprador/vendedor que utiliza las exchanges con los beneficios y peligros que ello implica (es fácil y muy cómodo, pero algunas ya están empezando a experimentar dificultades por la situación actual además del riesgo de sufrir hackeos de tanto en cuando) o un trader que ni compra ni vende criptomonedas, sino que utiliza su cotización como instrumento para operar en trading con apalancamiento, una forma de invertir sobre la que se puede aprender más a través de las plataformas de los brókeres online que se dedican a crear mercados para esta forma de invertir.

 

El segundo es investigar de forma constante y no invertir en criptomonedas de las que no se conozca lo suficiente por barato que sea el precio y aunque se haya escuchado que su precio está a punto de explotar hacia arriba, hay que controlar el FOMO y recordar que no pocas previsiones para bitcoin estimaban que para enero de este mismo año la criptomoneda que hoy vale cerca de 20.000 dólares tenía que valer 100.000 dólares y de ahí para arriba, cosa que no ha ocurrido ni mucho menos.

 

El tercero es no dejarse llevar por la euforia o por el pesimismo, dado que en el pasado las criptomonedas han demostrado su capacidad de subir y caer de forma vertiginosa, así que hay que analizar cada momento sin histeria ni euforia desatada, y tener siempre muy presente el siguiente consejo.

 

El último consejo, obvio pero probablemente el más importante, es no invertir nunca un dinero que no se puede perder, dado que este es un riesgo muy real siempre que se invierte y por lo tanto hay que descontar que es posible que el capital invertido con la intención de generar beneficios termine por disminuir o incluso por desaparecer, y ello no debe suponer un quebranto para sobrellevar el día a día con garantías.

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