Historias sobre artistas olímpicos que han atravesado odiseas para llegar a donde llegaron sí que se han escuchado, pero pocas veces una como la de Yusra Mardini y su hermana Sarah, dos jóvenes que huyeron de Siria debido a la guerra en un barco precario que nunca iba a llegar a destino. Al quedar baradas en el Mar Egeo, ambas tuvieron que lanzarse al agua para salvar su vida y la de sus compañeros de embarcación. A los pocos meses, las Mardini debutarían en otras aguas: la piscina de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. 

Su vida tomó un rumbo inesperado al estallar la guerra en 2011, cuando los bombardeos en Siria comenzaban a ser parte de su vida cotidiana. Un día, una bomba destruyó la casa familiar. Otro día, un proyectil voló el techo de la piscina donde entrenaba y la situación llegó a un límite. Por más que tuviera una incipiente carrera como estrella de la natación siria (a los 17 años ya había representado a su país en el Campeonato Mundial de Piscina Corta de 2012) se vio obligada a huír de su tierra natal junto a Sarah. 

Las dos atravesaron Líbano y llegaron hasta la costa de Turquía. Desde allí, apretadas en una barca junto a otras 18 personas, partieron para cruzar el mar Egeo en dirección a Grecia. En mitad de la nada, cuando llevaban 30 minutos de travesía, el motor se negó a seguir funcionando y el bote quedó a la deriva. La embarcación amenazaba con hundirse y la mayoría de los pasajeros no sabía nadar.

Las hermanas se lanzaron entonces al agua para empujar la embarcación en busca de tierra firme. "Con una mano sujetaba la cuerda que estaba atada al bote, mientras que nadaba con la otra y los pies", recordó Yusra tiempo después. Exhaustas, muertas de frío y con casi sin músculos, avistaron la costa de Lesbos tres horas y media después. "Habría sido vergonzoso si la gente en nuestro bote se hubiera ahogado", contó Mardini a ACNUR, que la nombró Embajadora de Buena Voluntad en 2017. 

Yusra Mardini durante una intervención como embajadora de ACNUR en 2017.

"Había gente que no sabía nadar. No iba a quedarme sentada y a quejarme de que me iba a ahogar. Si me iba a ahogar, al menos lo haría habiéndome sentido orgullosa de mí y de mi hermana", recordó. Según ACNUR, la mayoría de las personas que intentan abandonar Siria muerten en el intento. Las hermanas Mardini son solo dos de las 5,6 millones de personas que tuvieron la suerte de su lado, y un amor incondicional por la natación que las salvó.

"Nadaba antes de aprender a andar", asegura Yusra Mardini, que se familiarizó con la piscina a los cuatro años. Fue su padre, que trabajaba en Siria como entrenador de natación, el que inculcó a las dos hermanas el amor por el agua. "Aprendí desde muy pequeña que nadar es mi vía de escape en la vida", sostiene ellaPero luego de la travesía en el Egeo, lo último que Yusra tenia en la mente era volver a nadar. 

La llegada a los Juegos Olímpicos

Sarah y Yusra continuaron su trayecto desde Grecia hasta Alemania, cruzando media Europa en el medio de transporte que pudieran. Llegaron finalmente a Berlín en septiembre de 2015 y fueron albergadas en un campo de refugiados. Hasta el momento, las ganas de nadar de Yusra quedaron en el Egeo. Hasta que al poco tiempo, otras aguas tocaron su puerta. Un intérprete egipcio puso en contacto a la deportista siria con un club de natación de la capital. Le hicieron una prueba y quedaron impresionados. Yusra reanudó sus entrenamientos.

Sasha y Yusra Mardini, las dos deportistas olímpicas de Siria que se salvaron de la muerte y llegaron a los JJOO.

Poco después, Mardini recibió una llamada para realizar un viaje muy diferente, esta vez hasta Río de Janeiro. El COI había creado el Equipo Olímpico de Atletas Refugiados, con el objetivo de visibilizar la situación de los refugiados en todo el mundo. El combinado iba a competir por primera vez en los Juegos de 2016 y Yusra Mardini era una de las elegidas para formar parte del mismo.

La vida de Yusra Mardini había dado un giro total. Un año después de abandonar un país en guerra, y salvar tanto su vida como la de 18 personas en el medio del mar, le llegó la oportunidad de participar en el mayor evento deportivo mundial junto a las figuras más consagradas. Ya no nadaría por su vida, sino por la gloria. Y ahora, los diez refugiados que participaron en Río se multiplican en Tokio hasta 29, incluyendo a Yusra Mardini.

En unos Juegos cada vez más profesionalizados, ellos representan la verdadera esencia original de los cinco aros olímpicos. "No hablamos el mismo idioma y somos de diferentes países, pero la bandera Olímpica nos une a todos y ahora estamos representando a 60 millones de personas alrededor del mundo. Estamos muy felices juntos como equipo", afirmó Mardini en los Juegos de Río.

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