@JorgeCicu

Entre el 7 y el 14 de enero de 1919 se desarrolló en el país la llamada Semana Trágica. Hacía tres años que había llegado al poder el primer gobierno electo por sufragio universal, el del radical Hipólito Yrigoyen. Y ese día 7, los trabajadores de los talleres metalúrgicos Vasena declararon la huelga y salieron a reclamar por la jornada laboral de ocho horas, un aumento en los jornales, descanso dominical y la reincorporación de delegados echados por la empresa.

La represión policial que terminó con varios muertos desencadenó una fuerte protesta del movimiento obrero y la llamada al paro general, que recién finalizó el día 14, cuando la empresa Vasena reconoció las peticiones de sus trabajadores. Pero en esa semana se desató una represión sin precedentes en el país, con centenares de muertos -los cálculos van de 400 a 700- y miles de heridos y detenidos.

Y también fue el comienzo de una intervención del Ejército en un hecho político, junto a grupos organizados de ultraderecha, lo que algunos historiadores consideran como la preparación para los sucesivos golpes de Estado en la Argentina. El primero de ellos ocurrió unos años después, en septiembre de 1930, durante el segundo gobierno de Yrigoyen.

Es que en esa Semana Trágica se militarizó Buenos Aires. Más de 30.000 soldados del Ejército y de la Marina ocuparon la ciudad. Contaron con el apoyo de grupos nacionalistas de derecha, que luego fundarían la Liga Patriótica, con apellidos como Anchorena y Martínez de Hoz.

Este último apellido vuelve a ocupar el poder con el golpe militar del 24 de marzo de 1976. En la Semana Trágica, los militares desplazaron a los policías en el control social. Ocuparon un importante espacio de poder en medio del primer gobierno democrático elegido por el voto popular. Once años después arrancaba una etapa trágica para el país, la de los golpes militares, que inauguró el general José Félix Uriburu el 6 de septiembre de 1930. Se “despertaba” la tragedia argentina.