@burguesnadia 

Cuando salen a la luz casos como el del chico de 14 años que ingresó a su colegio con un arsenal, me pregunto ¿qué nos pasa? Y preocupan, porque estos episodios suceden y no pueden ser tomados con naturalidad. Me pongo en la piel de los padres de los otros chicos, que van al colegio a estudiar y se encuentran con un compañero que los amenaza desde sus redes sociales advirtiendo que “van a morir todos”, hasta que afortunadamente tal vez entiende que algo de lo que está haciendo está mal y se entrega.

El viernes pasado, en la Escuela Secundaria Félix Bogado de Ramos Mejía, estudiante de tan sólo 14 años acudió a la institución con dos armas de guerra, decenas de municiones de diferente calibre y un cuchillo de caza. Pero llamó al 911 diciendo que planeaba suicidarse y la policía evitó una masacre, de esas que solemos ver en las noticias de Estados Unidos, aunque esto pudo haber ocurrido acá.

¿Qué les pasa a nuestros chicos? Se supo que el menor tiene problemas familiares y ahí empezamos a cuestionarnos sobre si tuvo el apoyo y la contención necesaria primero de su familia, después de las autoridades escolares y luego de la misma sociedad para evitar que llegara a ese extremo.

Muchísimos padres se quedaron sorprendidos por lo que pasó, porque, según el relato de ellos, “era un estudiante muy querido en el curso. Era el delegado de la clase y representaba a todos sus compañeros”.

Entonces vuelvo a preguntarme ¿qué pasó para que ese chico tan querido dentro del colegio tuviese intenciones de ser el autor de un desastre? Por otro lado, muchas voces pedían a gritos la expulsión del alumno. Sin embargo, todos son víctimas en “este juego”. Y tal vez sacar de la escuela al menor sería el camino más fácil.

Las autoridades tienen la responsabilidad de contenerlo y ayudarlo, como también al resto del alumnado. La realidad muestra su costado más violento. Las armas en las escuelas son apenas el reflejo de lo que sucede en las casas y las calles hoy en día. Y lamentablemente el problema no es nuevo, ya que existe una alarmante seguidilla de hechos violentos en los colegios con armas de fuego en la escena principal.

Lo más probable es que el chico que asistió armado a la escuela de Ramos Mejía sólo esté repitiendo conductas aprendidas en su hogar o lugares que suele frecuentar, conductas violentas que se multiplican generación tras generación. Pero ninguno de nosotros podemos quedarnos de brazos cruzados, tenemos que ayudar a esos chicos, que son nuestro futuro.