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@flopa01 

Interesa a la Casa Rosada que los intereses de los bancos sobre los préstamos personales y las tarjetas de crédito regresen cuanto antes del idilio financiero que los habilitó a cobrar entre 120% y 200% anual, mientras la inflación fue del 54%.

Resulta prioridad resolver este tema porque la expectativa por una pronta recomposición del bolsillo de los trabajadores empieza a diluirse en el tiempo, más allá de lo corto que sea en relación al 10 de diciembre.

Así, el Banco Central fijó este miércoles un tope del 55% para financiar en cuotas compras realizadas con tarjeta, mientras el Frente de Todos presentó un proyecto de ley en el Congreso para limitar a 44% las tasas y punitorios y/o resarcitorios por financiación de saldos de tarjetas bancarias y no bancarias.

Es que mas allá de que la verdadera recomposición debe discutirse en el ámbito salarial que en la actualidad está surfeando por las insulsas sumas fijas, preocupa el efecto casi neutro de los congelamientos de las tarifas de servicios, transportes y de los combustibles y se hace más evidente que las clases medias están sin margen, en especial aquellos más ahogados por pagar el mínimo de las tarjetas.

Con esos niveles de interés, los que tienen margen tampoco se animan a gastar. “Pensá a lo que accedías en 2015 y a lo que accedés ahora”, fue el argumento núcleo de la campaña peronista. Su mayor logro en su última gestión de gobierno (bajo un manto de desbarajustes macroeconómicos, claro) fue el poder adquisitivo.

Esa promesa le ayudó a recuperar muchos de los votos perdidos frente a Mauricio Macri, que lo evaporizó para los niveles bajos y medios. Ahora, la urgencia de trabajadores endeudados se está volviendo un condicionante central para lograr un repunte. Ocurre que a pesar de los esfuerzos para llevar alivio a los más vulnerables, el consumo no mejora.

Y los sectores medios, que apenas están logrando llegar a fin de mes, vuelcan cualquier “extra” a desendeudarse. El gobierno se empezó a convencer por estos días de que cortar los excesos de las entidades financieras debía convertirse en prioridad. Es hora, como dicen algunos ex funcionarios del macrismo, de “terminar con la fiesta” pero, esta vez, la de los bancos. Les hicieron creer que podían ser eternamente inescrupulosos. Es menester que, al menos, empiecen a disimular.

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