Cafiero ganó las elecciones a gobernador de 1987 cuando las encuestadoras pronosticaron otra cosa.

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Hace hoy exactamente 30 años, el 6 de septiembre de 1987, el peronista Antonio Cafiero se impuso al radical Juan Manuel Casella, en las elecciones a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Además del cambio de signo político al frente del distrito bonaerense -por entonces gobernaba el radical Alejandro Armendáriz-, este resultado representó el inicio del fin de la UCR en el gobierno nacional.

La debilidad política creciente del presidente Raúl Alfonsín lo llevó a disponer un adelantamiento de las elecciones a jefe de Estado al 14 de mayo de 1989, y ya en enero de ese año la crisis económica derivó en el proceso de hiperinflación, que inevitablemente aceleró la entrega del poder ya el 8 de julio, en vez del 10 de diciembre, día en que se completaba el período constitucional de seis años, que en ese momento tenía el mandato presidencial

Pero además de las implicancias políticas que tuvo esa elección, en la cual el justicialismo también le arrebató al radicalismo la primera minoría en la Cámara de Diputados de la Nación, hubo otro sector que resultó perdedor: por primera vez desde el regreso de la democracia, todas las encuestas fallaron en el pronóstico del duelo Cafiero-Casella.

En promedio, daban por ganador al radical por entre 1,5 y 2% de votos. Sin embargo, en las urnas el líder de la Renovación Peronista se impuso por más de seis puntos porcentuales (45,45% a 38,78%). Todo hacía presagiar una candidatura presidencial de Cafiero con miras a suceder a Raúl Alfonsín en 1989, pero el riojano Carlos Menem lo superó en la interna del PJ y le truncó el sueño de llegar al sillón de Rivadavia. Pero eso ya fue otra historia.

Volviendo al ‘87, el error por casi 10 puntos en los pronósticos que cometieron varias consultoras de opinión obligó a replantear los métodos de consulta para la intención del voto, aunque quedó la sospecha de que al menos algunos de esos relevamientos, que se publicaron hasta pocos días antes de los comicios, en realidad eran “dibujos” tendientes a inducir al electorado indeciso a volcarse por el oficialismo tanto a nivel nacional como bonaerense. Cualquier semejanza con todo lo que se dice de las encuestas en las semanas previas a una elección no es mera coincidencia.