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Este viernes Alberto Fernández cumple 80 días sentado en el sillón de Rivadavia, un tiempo extremadamente corto si se contabilizan las 1.460 jornadas que dura un mandato presidencial en nuestro país. Pero la vorágine social -de la cual el periodismo no está exento, claro- presiona y el análisis de su gestión se torna inevitable en las mesas argentinas.

No sabemos (es difícil mensurar) qué tan bien se llevan el fútbol y la política, pero sí que se llevan. Y si algo tienen en común es la grieta en la cual más de un argentino se siente cómodo (porque, vale la aclaración, existe desde hace añares). Si llevamos la discusión al terreno futbolístico, el país se divide, entre menottistas y bilardistas. 

Cesar Luis Menotti, director técnico campeón del mundo en 1978, es reconocido por su constante búsqueda del juego y la tenencia de la pelota para brindar un espectáculo a la gente.  Carlos Salvador Bilardo, quien coronó a la Argentina en México 86, está en las antípodas. Ambos ganadores, no se discute. El análisis va en el precio de la victoria.

Alberto es reconocido hincha de Argentinos Juniors, la cuna de oro de grandes jugadores. Un tal  Diego Armando Maradona, su máximo exponente. En sus años de juventud, el Bicho de La Paternal "jugaba lindo". Como presidente, ¿cómo juega Alberto? Las medidas anunciadas en campañas y llevadas a la realidad, léase congelamiento de tarifas, el regreso del Remediar, aumento para la jubilación mínima, inyección de plata en el bolsillo y reactivación del consumo interno, buscan, en términos futbolísticos, "jugar bien".

Pero la platea, siempre expectante, exige. Y los murmullos bajan para llegar a oídos del DT. Quieren ganar. El análisis no incluye resultado porque el partido está en desarrollo. Pero si de estadísticas se trata, es difícil pensar en una victoria con los datos duros de la realidad: el 4,7% de la inflación en los alimentos, un ejemplo.

La platea sigue hablando. Alguno insulta. Otro insulta al que insulta para que se quede callado, que espere. Hablan de herencia, de los técnicos anteriores. Van 80 días. Piden paciencia. Ni siquiera pasó el entretiempo. Pero los resultados no aparecen y preocupan.

Todavía falta. Restan minutos. Ya habrá tiempo para hacer un análisis exhaustivo y allí saber si el gobierno buscó jugar bien para ganar. Sólo una aclaración en diferencia con el fútbol: este resultado no distingue camisetas.