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Radicales, socialistas, liberales, conservadores, "son todos peronistas" dijo Perón, con humor profético. Del 55 para acá, el partido militar y las demás fuerzas políticas se han disputado los votos del peronismo. Su propuesta, a izquierda y derecha, sería la de volcar los objetivos del peronismo en un molde nuevo. El molde socialista, conservador o liberal, a gusto del votante. En todo caso, un voto de clase media.

Todos "peronistas", y todos con un ideal de clase media que -dicen- los enfrenta con el peronismo. Pero ningún presidente hizo más por la clase media que Perón. La tonificó, con los hijos de los obreros socialmente ascendidos por las conquistas del primer peronismo. Legalizó el voto femenino y el divorcio, derecho que la clase media después debió esperar a los 80 para recuperarlo.

Reafirmó la independencia del Estado ante la Iglesia Católica, fue uno de los primeros en reconocer al Estado de Israel y honró la libertad de culto, autorizando la prédica de religiones protestantes. Para disgusto de la izquierda, que soñaba con una clase obrera en armas por la "patria socialista", y de la derecha fanática de "la Nación católica", el obrero del peronismo es un consumidor optimista, con vocación de ascenso social y libertades civiles, lejos de dogmas políticos ni religiosos.

El Perón icónico no posa para la guerra, ni arrodillado ante un altar: pasea en motoneta con el gorro "pochito" y su inolvidable sonrisa. El alivio de las amas de casa por la irrupción de los electrodomésticos, otro avance del primer peronismo, es hoy un lugar común de las mujeres de clase media. La familia obrera bien vestida, educada por la escuela pública, con vacaciones pagas y esperanza de vivienda propia, es el ideal peronista del movimiento social ascendente. La consigna justicialista es: todos tenemos derecho a ser clase media.

Lo mismo sostenía Aristóteles hace 2.500 años: "Las ciudades mejor administradas son aquellas donde las clases medias resultan ser más fuertes que las otras clases", según el sabio. Pero, la democracia estable no sólo depende del número, sino también del mérito requerido por la función pública. Por eso, el filósofo recomendó "preferir la soberanía de la ley a la de uno de los ciudadanos".

Unos 2.500 años después, Perón abogó por "ser esclavos de la ley, para no ser esclavos de la ambición de nadie". Los votos peronistas del domingo se repartieron entre Cambiemos, Unidad Ciudadana, 1País, Frente Cumplir y quizás algunos más. Todos votos de "clase media", hada madrina de nuestro subconsciente electoral.