Las palabras de Marcelo Gallardo no fueron casuales. Pensar que el entrenador de River hablara en este momento de la posibilidad de dirigir a la selección nacional, muestra, una vez más, su mirada política sobre la Asociación del Fútbol Argentino.

El técnico millonario destacó que "nunca me llamaron para dirigir a la selección" y analizó la posibilidad de poder ocupar ese lugar en el corto plazo. Se sabe de su enemistad constante con la actual conducción del organismo que encabeza Claudio Tapia. Pero también de las jugadas que realiza junto a uno de sus dirigentes preferidos, Rodolfo D'onofrio. mandamás del club de Núñez.

Gallardo habló en un momento inadecuado, justo antes de un partido de la selección (ante Ecuador, por la Copa América) y frente a la posibilidad de haber quedado eliminado del torneo. Fue una jugada de ajedrez. Sabe, el entrenador, que muchos ojos están puestos sobre la casa de la AFA y que desde varios sectores políticos apuntan a un cambio de ruta.

Es el propio D'onofrio quien mira con voluntad el sillón de Viamonte y su técnico preferido ya es sabido por todos de quién se trata.  No fue una declaración más. Pretende posicionarse ante la eventualidad de un cambio de mando y lo habló en privado con algunos de sus colaboradores.

La mesura que mostró en varias ocasiones desde el banco de suplentes del Monumental, no es la misma que deslizó en sus palabras. No era el momento de referirse a una ambición personal.

Si bien Lionel Scaloni no llegó de la mejor manera a la conducción técnica de la selección (era colaborador de Jorge Sampaoli y no se fue con dicha gestión al finalizar el mundial de Rusia 2018) aún tiene contrato Y se debe respetar su cumplimiento. Pero esto no es fútbol. Es otra cosa. La política y los negocios siguen de cerca a la pelota. El juego, aún, debe esperar. Los protagonistas lo saben y tratan de sacar ventaja de esto.