Por Analía Caballero
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Es decir, el embajador argentino en Ecuador pretende que lo acepten como es, o sea un funcionario que no tiene nada de diplomático.

El presidente Mauricio Macri decidió removerlo de su cargo luego de que la cancillería ecuatoriana manifestara su rechazo a las declaraciones que había hecho Juez hace unos días, en que señalaba: "Me pegué una ducha, me puse un saco y una camisa, porque no quería estar con la ropa de esta mañana, porque van a decir: este mugriento se ve que agarró hábitos ecuatorianos".

Aunque el cordobés intentó explicar luego que la frase se refería a la costumbre de un poblado local, que suele estar todo el fin de semana con la misma ropa; su argumentación pecó casi de infantil. "Yo gano 12.000 dólares como embajador, tengo un Mercedes Benz y vivo en un castillo; solamente un boludo se quiere ir de ahí, y yo me quiero ir de ahí, porque no estoy con mis hijos, con mis amigos. Me enteré que mi hija se hizo señorita, ¿dónde estaba yo estos dos años?", afirmó Juez, descubriendo de repente que sí, ser embajador implica estar lejos de casa.

En abril, el humorista Miguel del Sel dejaba su trabajo como representante argentino en Panamá, porque "estaba muy lejos de Santa Fe", otra verdad revelada, y al toque se puso a ensayar para volver con Midachi, que todavía es una máquina de hacer dinero y no implica ir a la oficina de lunes a viernes.

En simultáneo, Martín Lousteau plantó una de las sedes más importantes, la de Estados Unidos "para contribuir en suelo argentino", aunque en realidad se dedicó a apuntalar su candidatura, en oposición al partido gobernante que lo había instalado en Washington.

Que en una gestión que busca, según sus referentes, mejorar e instalar la imagen argentina en el exterior tenga en pocos meses tres casos de huidas diplomáticas por la puerta chica, merecería un replanteo. ¿Es lo mismo dar embajadas a gente famosa, leal o histriónica que a profesionales de carrera?

Quienes ocupan una sede en nombre de nuestro país en otra república deberían actuar de manera intachable y ejemplar, porque habla de la consideración que la Argentina tiene por ese país que le abrió sus puertas.

La desprolijidad de ese tipo de salidas no ayuda en absoluto.