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Cada año, la apertura de sesiones ordinarias da pistas sobre de dónde vienen, hacia dónde quieren ir y qué aprendieron en los últimos 12 meses gobierno y oposición. La jornada de este jueves apenas dejó en claro algo: si el oficialismo sobrevive al malestar social que genera el ajuste, será gracias a María Eugenia Vidal, quien marcó fuertes diferencias con Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta.

El Presidente dio un discurso con altas y bajas: no mencionó "la pesada herencia" kirchnerista; destacó su intención de que se debata el aborto -algo inusual en su impronta pero con buen efecto mediático- y apostó al diálogo. Pero también habló de una baja en la inflación que nadie advirtió aún. "Crecimiento invisible" de la economía se convirtió en la frase del día.

El jefe de gobierno de la ciudad hizo hincapié en que las clases comenzaron, aun con acuerdos salariales sin resolver. Tuvo comentarios cuestionables, como que todos los barrios porteños tienen las mismas oportunidades, casi desconociendo que la zona norte y la sur son ciudades virtualmente distintas.

Pero la mandataria bonaerense se mostró sin fisuras; arremetió directamente contra los gremios que colocan "palos en la rueda" e insistió en sus ejes de gobierno: seguridad, transparencia y fin de las mafias. Su público fue mucho más bullicioso que el de sus compañeros: ¿signo de una popularidad sostenida?

En el arco opositor, se destacó la ausencia de Cristina y de Máximo Kirchner, que continúan con sus berrinches. Al parecer creen que le hacen daño a alguien más que a su propio espacio faltando al lugar para el que parte del pueblo los votó. Elisa Carrió reapareció para discrepar una vez más con Macri, y la izquierda criticó todo. 2018 abre más incógnitas que certezas.