acaballero@cronica.com.ar 
@analiacab 

El nuestro es un país que nunca aburre. Cada semana tenemos un tema de debate nuevo, a veces de fuerte impacto social y otra de puras paparruchadas que nos mantienen entretenidos hasta que salga algo "groso". Todavía no nos habíamos repuesto de la bochornosa y trunca superfinal de la Copa Libertadores o las polémicas suscitadas en torno a la realización del G20, cuando una denuncia por violencia de género nos trajo de regalo otro impresentable de estas pampas: Rodrigo Eguillor.

El hombre de 24 años es hijo de una fiscal y protagonizó un episodio confuso con una chica de 22 en su departamento. La noticia es conocida por todos: la presunta víctima de abuso sexual y lesiones parecía querer arrojarse del balcón, él dijo que la quería ayudar a que no se tire, pero luego ante la policía la joven lo denunció.

Eguillor fue detenido y tras pasar una noche en prisión, apenas salió en libertad se dirigió a un canal de cable de noticias, donde fue entrevistado como un personaje casi simpático. Mauro Viale le hizo preguntas del tipo "Te mirás siempre en el monitor. ¿Te criaron así? ¿Te sentís muy bonito? ¿Ahora estás relajado... Viste que te dije?", mientras el acusado se reía y se tocaba el pelo, a la vez que seguía desacreditando a su víctima, apenas una más de decenas que se animaron a contar lo vivido con él, una vez que el caso explotó en los medios.

De inmediato, tuvo lugar el esperable repudio al periodista, incluso de colegas y compañeros de la misma señal. Midió relativamente bien el debut como famoso de Rodrigo Eguillor, un pibe que recuerda al tristemente célebre Javier Bazterrica, alias "el Gigoló". Ofrecer una versión edulcorada y empatizar con alguien que se demostró misógino y omnipotente desde su cuna de "niño bien" es altamente repudiable. El rating no es la vida, muchachos.