"Las cifras de muertos en Suecia son terribles y deberían poder haberse evitado. Eso ha sido lo peor de la pandemia y la pregunta me sigue carcomiendo: ¿qué más podíamos haber hecho?". Esta pregunta se la hizo el  jefe epidemiólogo de la Agencia de Salud Pública de Suecia, Anders Tegnell, al calificar como evitable la cantidad de muertos por coronavirus que hubo en el país, uno de los pocos del mundo que no decretó cuarentena para contener la propagación de la enfermedad.

En la Argentina hubo una fuerte polémica entre el gobierno y quienes proponían el “modelo sueco” de combatir la pandemia sin entrar en una cuarentena estricta. Hasta el propio presidente Alberto Fernández salió a marcar las diferencias y advertir, en favor de la cuarentena argentina, que Suecia estaba teniendo una cifra preocupante de muertes.

Más allá de la imposibilidad teórica y práctica de trasladar modelos de respuesta sanitaria de un país a otro sin tener en cuenta sus recursos económicos y prácticas culturales de sus sociedades, los debates en favor y en contra de la cuarentena llegaron a ese terreno. Pensar que se puede aplicar la misma práctica sanitaria ante una pandemia en Finlandia que en Guatemala, o que Oslo sea igual que La Paz, o que funciona lo mismo en Berlín que en Buenos Aires, es de una ignorancia peligrosa o de una evidente mala intención.

Pero el “caso sueco” muestra los distintos resultados obtenidos en países de la misma región, con comportamientos culturales cercanos y situaciones económicas no muy diferentes. 

Suecia, con una estrategia más suave que sus vecinos, ha registrado 5.161 fallecidos por coronavirus. La tasa de muertos es de 50,30 por 100.000 habitantes, cinco veces más que Dinamarca, nueve que Finlandia y 10 que Noruega, aunque por debajo de países como España, Italia y el Reino Unido.

"Creímos que nuestra sociedad segregada por edad evitaría una situación como la de Italia, donde varias generaciones viven a menudo juntas. Pero se demostró que estábamos muy equivocados. La cifra de muertos subió de forma dramática", lamentó Tegnell.

Al igual que el resto de países nórdicos, Suecia no apostó por el confinamiento, aunque se diferencia del resto por inclinarse por muchas recomendaciones y algunas prohibiciones, manteniendo abiertos por ejemplo bares, restaurantes y escuelas, aunque con restricciones.

El objetivo era reducir los efectos del virus y proteger a los grupos de riesgo, siguiendo un "modelo clásico" contra una pandemia, explicó Tegnell. Pero hoy, cifras en mano, se lamenta y replantea la estrategia llevada adelante por Suecia.

"Creo que aún no tenemos una buena respuesta a qué podíamos haber hecho", afirmó el especialista sueco.

Su pregunta pone en evidencia que ningún país del mundo puede en este momento adjudicarse el método infalible e indiscutible de combate contra un virus del que poco se sabe y del que no se ha encontrado la cura.

El drama es que, hasta el momento, las diferentes respuestas se miden en muertes. Y en estos casos no hay lamento o replanteo que valga.

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