¿Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza, fingiendo que simplemente no lo ve? (...)
¿Cuántas orejas debe tener un hombre, antes de que pueda oír llorar a la gente?
La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento.

(Bob Dylan, “Blowin' in the Wind”)

El viernes pasado se presentó en la Cámara de Diputados el proyecto para un aporte extraordinario de las grandes fortunas, dinero que se utilizará para ayudar al sistema sanitario y a quienes las medidas para frenar la pandemia pusieron en situación de crisis. Proyecto que volvió a poner en evidencia la grieta, con repartija de apoyos y críticas.

El sábado llegó otra noticia que no fue muy difundida. La agencia Bloomberg informó que los multimillonarios del mundo batieron récords de riqueza en una sola semana, en plena crisis económica causada por la pandemia.

Dos informaciones que ponen el dedo sobre la llaga. Dos noticias que abordan tres cuestiones centrales de estos momentos: pandemia, riqueza y desigualdad.

Cuando en la Argentina sufrimos más de 10.000 contagios diarios en la última semana, en el mundo la fortuna personal del club de ricos tuvo un fuerte impulso, crecimiento generado en gran medida por las acciones tecnológicas en alza, producto de la nueva realidad mundial por el coronavirus.

Este vertiginoso ritmo de acumulación de riqueza contrasta radicalmente con el estado de la abrumadora mayoría de la población mundial. Desde que comenzó la pandemia, las empresas despidieron a millones de trabajadores y la demanda de los consumidores se redujo brutalmente.

Otra discusión que también ha generado controversia en la Argentina: el teletrabajo. Esta posibilidad, aclaremos, es solo para algunos, generalmente los más calificados, mientras condena a los más precarios. En el corto plazo, de hecho, el coronavirus probablemente incremente la desigualdad, con mayores brechas entre los trabajadores de sectores relativamente estables y aquellos que se llevarán la peor parte de los confinamientos.

Pero mirando hacia arriba, bien en lo alto, la situación es diametralmente opuesta. Por ejemplo, el patrimonio del fundador de Amazon, Jeff Bezos, pasó los 200 mil millones de dólares, convirtiéndolo en el primer hombre del mundo que alcanza esta cifra, inimaginable para el resto de la humanidad.

La anterior, fue una semana muy lucrativa. Hay un club de “centibillonarios”, integrado por personas que superan una fortuna de 100 mil millones de dólares. Son cuatro y vinculados a las nuevas tecnologías: El mencionado Bezos, el reconocido Bill Gates, el empresario Elon Musk -de Tesla Inc.-, y el cofundador de Facebook Inc., Mark Zuckerberg, según el índice de multimillonarios de Bloomberg.

La desigualdad es una enfermedad que sufre la humanidad. Antes del coronavirus, el 1% más rico de la humanidad poseía más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas. La desigualdad en el mundo está profundamente arraigada y ha alcanzado un nivel escandaloso, que ha aumentado con esta pandemia.

Es en este contexto internacional en el cual en la Argentina comenzó la discusión sobre el impuesto extraordinario a las grandes riquezas, que busca cobrarle por única vez a 12.000 personas físicas que declararon tener más de 200 millones de pesos un pequeño porcentaje que se utilizará para la compra y producción de insumos médicos para combatir la pandemia y en subsidios para enfrentar la crisis.

“Esto es traer equilibrio en una sociedad que se fue desequilibrando durante los últimos cuatro años a través de beneficios que el anterior gobierno les fue dando a los que más tienen y nunca sirvieron al conjunto de la gente”, explicó el titular del bloque de diputados del Frente de Todos, Máximo Kirchner, uno de los que más trabajó en la redacción del proyecto.

En suma, un impuesto específico a la riqueza de los más poderosos que apunta a prevenir la oleada de desigualdad que se viene.

Pero no va a ser fácil la discusión. Ya se alzaron muchas voces en contra que apuntan, como siempre, a que esa eterna promesa de la lluvia de inversiones del sector privado se verá afectada.

El economista estadounidense Joseph Stiglitz, premio Nobel en 2001, podría presentarse en el Congreso argentino para defender el proyecto. Al menos por algunas de sus últimas declaraciones.

Stiglitz señala: “La teoría económica ha explicado por qué no se puede dejar todo librado al mercado y explicó sus limitaciones. Con la crisis financiera de 2008 y las crisis en múltiples países alrededor del mundo entendemos mucho mejor los límites del mercado. La pandemia dejó en evidencia la desigualdad y las diferencias en nuestras sociedades. Los que tienen condiciones preexistentes o los más expuestos por la naturaleza de sus trabajos son abrumadora y desproporcionadamente las poblaciones de menores ingresos. Esa es una de las causas detrás de los reclamos por las injusticias sociales, incluso las raciales, en los Estados Unidos”, agregó.

Una mayor intervención del Estado deberá evitar que con esta pandemia los ricos terminen más ricos y los pobres más pobres. Una discusión en la Argentina y en el resto del mundo.

Las informaciones de los últimos días no hacen más que confirmar que se ha convertido en un planteo imprescindible. Porque el Covid-19 no es igual para todos. La mayoría de la población se arriesga a contagiarse para no perder el empleo o comprar alimentos, pero los multimillonarios no tienen que preocuparse.

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