El suicuido adolescente, una problemática que nos involucra a todos.

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@_Lo_A 

Existen noticias que son complejas en su tratamiento. La dificultad no pasa tanto por lo engorroso del tema, o por los intereses que puedan tocarse, ni siquiera por quiénes sean sus protagonistas, sino por lo que son en esencia. Son esas noticias que nos interpelan como periodistas. Cada vez que ocurre un suicidio, es una prueba para el periodismo.

Algunos manuales de estilo, por ejemplo, estipulan que los casos de muertes auto provocadas sólo deben publicarse en contadas ocasiones, en especial cuando se trata de adolescentes. En línea con esa perspectiva, Unicef editó una guía para periodistas que indica ciertos lineamientos a seguir. No recaer en detalles vanos, proteger a la víctima, remarcar que seguramente hubo señales que no fueron escuchadas y ofrecer canales de ayuda son sólo algunos de los puntos que destacan para una correcta cobertura del hecho.

Es que los adolescentes son especialmente vulnerables y por ello es necesario evitar el efecto imitativo de la conducta suicida. Sin embargo, a pesar de los cuidados que se sigan en la cobertura del tema, según los últimos datos ofrecidos por la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), que depende del Ministerio de Salud de la Nación, la mayor cantidad de muertes por suicidio se presentó entre los adolescentes y adultos jóvenes, lo cual no deja de ser una señal de alarma para nosotros como adultos.

Es que en la actualidad, el temido efecto Werther excede la labor de los medios y trasciende hacia las redes sociales. No sólo porque efectivamente se pueden convertir en un canal de señales que los chicos envían y pasan inadvertidas por la tan mentada brecha generacional, sino, al mismo tiempo, porque en ellas también los adolescentes se enfrentan a influencias negativas como el juego de “La Ballena Azul” -que consiste en una serie de postas perversas que ponen en peligro la vida de los chicos- o el “Cutting” -que propone a partir de la autoflagelación demostrar valentía-.

Más aún: en ocasiones Facebook y WhatsApp se convierten en el vehículo para que el bullying trascienda las paredes del aula. No se trata aquí de demonizar a las redes, mucho menos de hacerlo con los medios. Simplemente se trata de estar atentos como adultos y de responder como corresponde desde los medios.