Cristina hoy es la figura de la oposición, pero una derrota en la Provincia podría cambiarlo todo. 

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Tres años atrás, allá por 2014, Sergio Massa caminaba decidido hacia la presidencia, tras la victoria de 2013 ante el kirchnerismo. En el 2015, la figura del tigrense se desdibujaba para dejar paso, primero, al estrellato de Daniel Scioli y, luego, a la sorpresa de María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. La política argentina es poco predecible, pero arroja algunas certezas en las que vale la pena detenerse.

Tal como le sucedió rumbo a las presidenciales, el Frente Renovador parece haber entrado nuevamente en el declive electoral. A diferencia de lo logrado en 2015, Massa no encuentra la fórmula para saltear la polarización, y posiblemente ya no tenga otra oportunidad en la pelea grande. Pero no deja de ser un dirigente más que importante.

Hoy, Cristina Kirchner está en alza. Volvió a ser candidata porque no había ningún peronista capaz de medir ni aglutinar a todos los intendentes. Pero todo cambia. Las encuestas ya no le sonríen como hace un mes. Y llegar al Senado con una derrota bonaerense a cuestas complicará seriamente sus chances hacia 2019, donde seguramente volverá a postularse.

La aventura de Florencio Randazzo, hasta aquí, lo muestra compitiendo contra la izquierda, y lejos de la disputa por vencer. Todos, dicen, apuestan a la carrera ejecutiva de 2019. Otros, que no están en la foto de hoy, anotan su nombre. Por allá va, prematuro, el salteño Juan Manuel Urtubey. En el reino de las certezas, hoy el PJ tiene más claro que nunca que dividido no podrá superar al oficialismo.

Hay distritos particularmente peleados, y de mucho peso: Santa Fe y la provincia de Buenos Aires son dos ejemplos claros. Pero también es innegable que hoy, con Cristina activa y sin dirigentes que puedan hacer de contrapeso real, esa unidad será un objetivo, pero nunca una realidad. Claro que, en dos años, todo puede pasar.