Por Gabriel Calisto
@gcalisto / gcalisto@cronica.com.ar

Lejos de ser una declaración de guerra, el Presidente hizo una nueva demostración de fuerza ante un auditorio selecto, especial para la ocasión.

La escenificación se dio, además, días antes de empezar una dura negociación con bloques opositores, la CGT y los distintos fueros judiciales por las profundas reformas que su gobierno impulsa.

También los borradores enviados a empresarios y dirigentes fueron parte de esa estrategia. Con puntos inaceptables, cada sector puso el grito en el cielo.

Los gobernadores cuyanos, por el futuro impuesto al vino, que ahogaría una de sus actividades económicas principales; los gremios, por los cambios en indemnizaciones, entre otros puntos.

Ahora que el gobierno demostró su fortaleza, comenzará a negociar. Con el respaldo de las urnas y los duros discursos contra sus interlocutores, todos ellos apuntados por la opinión pública.

Similar fue el esquema para aprobar la Ley de Reparación Histórica, preludio del ajuste reimpulsado la semana pasada. Allí el gobierno concedió quitar a los familiares del blanqueo de dinero del extranjero; y luego lo retomaría por decreto del propio Presidente. También cedió en otros puntos, como bienes personales (por pedido de los gobernadores), y mantuvieron por tres años la moratoria para quienes no hicieron suficientes aportes para jubilarse. A cambio de eso, logró los apoyos para sacar una ley que es decididamente mala para el país.

Todo eso lo logró en una posición de clara debilidad. Hoy, amparado por las urnas y con una oposición en la ruina, no están dispuestos a retroceder tanto.