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El despiadado Frank Underwood, de la serie estadounidense “House of Cards”, hace recordar en forma permanente a la clase política argentina. En una de sus frases más contundentes plantea una distinción entre la ambición material y la formal: “Eligió el dinero en vez del poder, un error que en este pueblo casi todos cometen. No puedo respetar a alguien que no entienda la diferencia”.

Cuando en Argentina se juzga a un ex vicepresidente de la Nación por querer apropiarse de la fábrica que imprime los billetes de curso legal del país, por falsificar facturas y cobrar dinero público de más y hasta truchar la transferencia de un auto, esta expresión cobra auténtica dimensión. El caso de Amado Boudou, segundo del Ejecutivo nacional durante cuatro años, llama a ese planteo y reflexión, sobre por qué los más altos funcionarios de los últimos gobiernos, incluidos los ex presidentes Carlos Menem y Cristina Fernández de Kirchner, terminan desfilando de manera permanente por los juzgados, sobre todo los del fuero federal.

Al riojano lo acusaron por un sinnúmero de causas que tuvieron que ver con incumplimiento de deberes de funcionario público, pero, en especial, por el contrabando de 6.500 toneladas de armamento a Ecuador y a Croacia durante su mandato de diez años y medio (1989-1999). Ambición rayana con la locura traficar armas desde el Estado que, como se recordará, trataron de ocultar volando lisa y llanamente una fábrica militar en Córdoba.

Qué pensaría Underwood del caudillo de Anillaco. También habría que preguntarle sobre la causa Hotesur, por la cual la ex presidenta y sus dos hijos son investigados por presunto lavado de dinero. De hecho, el 9 de noviembre la ex mandataria deberá presentarse a indagatoria ante la Justicia. También aparecen los nombres de María Julia Alsogaray, Víctor Alderete, Armando Gostanián, Julio De Vido, Ricardo Jaime, el inverosímil “bolsero” José López, entre otros muchos. Un listado larguísimo: no entendieron la diferencia.