Aranguren confesó que aprendieron "sobre la marcha" (Fabián Ramella - Diario Crónica)

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Cuando las luces rojas electorales destellaban en los tableros del gobierno nacional, el comando de campaña logró imponerse sobre el ala más dura y se inició un giro económico destinado a mostrar un lado más amigable hacia los sectores castigados por el ajuste: se demoraron los anunciados tarifazos de luz, agua y gas, previstos justo para los días previos a la elección que se dará el próximo 22 de octubre; se anunciaron aumentos para jubilaciones y asignaciones sociales por encima de los cálculos inflacionarios; la obra pública traccionó indicadores económicos y mejoró otra área hipersensible: el trabajo de las changas; y se inyectó dinero para el consumo vía créditos blandos, promociones y hasta un descuento del 50% para estatales.

Incluso hubo la suficiente destreza para mantener gratis el fútbol, un gasto para nada considerable si se lo compara con las boletas de gas que llegaron a muchos hogares con un costo de miles de pesos. El “veranito” económico dio sus frutos y el oficialismo logró el resultado que esperaba: quedó casi empatado con Cristina Kirchner, relegando a Sergio Massa a un rol de espectador en la disputa por el poder.

El rumbo hacia la próxima votación parece allanado. La estrategia, lógicamente, tiene fecha de vencimiento en cuanto las urnas den su veredicto. En noviembre el fútbol será pago, los servicios públicos volverán a aumentar y habrá nuevos “golpe al bolsillo” (la nafta, por ejemplo, y la medicina prepaga).

Se volverá a hablar de la necesidad del “sacrificio” y de las reformas que hay que hacer para adecuar las leyes a lo que piden los empresarios antes de invertir. El ritmo alarmante del endeudamiento público y la necesidad de recortar gastos se convertirán en un tema de cada mesa familiar. Sin embargo, no hay que esperar un apocalipsis. Ni un ajuste brutal como el de 2016.

Fortalecido, el gobierno logrará seguramente avanzar con sus reformas. Pero seguirá necesitando negociar con la oposición. Al menos, con una parte. Así como Cambiemos aprendió, “sobre la marcha”, según el sincericidio del ministro de Energía Juan José Aranguren, a realizar audiencias públicas antes de los tarifazos energéticos, posiblemente haya una enseñanza a tener en cuenta tras las elecciones: y es que, alguna vez, quizás, el ajuste pueda esperar y haya otros caminos.