@alicia_barrios

El viernes Pierre Paolo Parolin, secretario de Estado del Vaticano y número dos de Francisco, hizo declaraciones. El mismo día también habló el Papa. Si bien fue en marcos diferentes, esto no es usual. Parolin, en un encuentro interreligioso, se refirió a que América Latina “necesita mucho diálogo”. No pasó desapercibida su reflexión respecto de la exhibición casi obscena de la Biblia que hizo Luis Fernando Camacho, el ultracatólico jefe de la oposición de Santa Cruz de la Sierra, en un ritual presidido por la estatua de un Cristo crucificado, cuando anunció: “Jesús gobierna Bolivia”.

Parolin sostuvo que la religión no debe ser manipulada por razones ajenas. “Este principio vale para todo y para siempre. Esta práctica desnaturaliza la esencia de la religión. Hay que hacer de la religión, que es un mensaje para todos, un mensaje de paz”.

Bergoglio, en el cierre del XX Congreso de la Asociación Internacional de Derecho Penal, se refirió al uso arbitrario de la prisión preventiva y el lawfare (guerra jurídica) contra políticos. Francisco asistió a ese encuentro hace un par de años y entonces realizó la misma advertencia. Hoy manifiesta que se ha agravado en algunos países y regiones, donde el número de detenidos sin condena supera ampliamente el 50 por ciento de la población carcelaria.

Francisco es un defensor a ultranza -es una de sus banderas- de la presunción de inocencia, esto es, la consideración de que las personas deben ser tratadas como inocentes hasta que una condena firme disponga lo contrario y que esta condición no debe ser vulnerada. Denunció que la guerra jurídica o lawfare es un arma que recurre a imputaciones falsas contra dirigentes políticos, promovidas concertadamente “por medios de comunicación, adversarios y órganos judiciales colonizados”. A él le sorprende que los paraísos fiscales, un instrumento al que se recurre para encubrir toda clase de delitos, no sean percibidos como hechos de corrupción y de criminalidad organizada.

No faltó la mención a los abusos ecocidas, como son la contaminación del aire, los recursos de la tierra y el agua, el daño a la f lora y la fauna y toda acción con potencial de causar un desastre ecológico o destruir el ecosistema. Como frutilla del postre y en esta dirección, el martes próximo monseñor Oscar Ojea dará una conferencia en la Comisión Episcopal Argentina para dejar su testimonio del Sínodo de la Amazonia, donde tuvo una activa participación.

Esto sucede en simultáneo con el desprecio, la discriminación y el racismo que existen en Bolivia contra los aborígenes. Allí las nuevas autoridades han sacado todos los símbolos indígenas, hasta el extremo de quemar su bandera. Contra los ancestros y la genética, por más que las mujeres se tiñan de rubio, no se puede luchar. La tez, el color de la piel, los rasgos, son inalterables.