El reclamo por Santiago Maldonado se ve embarrado por acusaciones políticas.

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Si una semana atrás se advertía en estas líneas que lo importante era determinar el paradero de Santiago Maldonado, y no el show político de baja monta armado alrededor de una desaparición sin esclarecer, la centralidad que ocupó el tema, al cumplirse un mes desde la última vez que lo vieron, profundizó esa penosa situación.

No se sabe con certeza qué pasó con el joven de 28 años. Su familia asegura que los videos aportados a la Justicia prueban su presencia sobre la Ruta 40, minutos antes de la represión de Gendarmería. En el gobierno sólo sostienen que no hay evidencia que señale en ningún sentido. “Sólo sé que no sé nada”, diría Sócrates, lejos de la función pública.

Mientras tanto, la miseria política sale a embarrar la cancha, ya plagada de suciedad. El gobierno asegura, sin dar nombres, ni datos, ni decirlo ante un micrófono, que las protestas fueron impulsadas por el kirchnerismo. Que el reclamo es K y, por ende, meramente político. Peor, electoral. “Si se comprueba que la supuesta desaparición fue algo armado por el kirchnerismo, sería grave”, dijo desde su banca de diputada la doctora Elisa Carrió.

Del otro lado de la grieta, revolean que la culpa de la desaparición es de Cambiemos. “Macri está destrozando la democracia a palazos”, se animó a sostener ayer el kirchnerista Martín Sabbatella. Los gritos tapan la voz de la familia de Maldonado, que sólo pide que aparezca su hermano/hijo. Y la de las miles de personas que marcharon para pedir que se esclarezca su paradero.

Mientras tanto, incidentes. Policías de civil. Olor a servicios de Inteligencia. Heridos. Trabajadores de prensa detenidos y hostigados por hacer su trabajo, por la policía y por manifestantes. Tirar leña al fuego político de la grieta puede ser útil al escenario electoral. No advertir que la situación comienza a irse de las manos sólo puede llevar a una tragedia. Y los estadistas, estén de este o aquel lado de la grieta, deberían trabajar para que eso no pase.