Por Roberto Tassara

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Poco antes de su despedida, Perón afirmó: “Mi único heredero es el pueblo”. Con sólo seis palabras, clausuraba el ciclo del liderazgo carismático y la verticalidad. Mucho antes, había deplorado al caudillismo, por ser obstáculo para la organización nacional. En su herencia, puso también el abrazo con Balbín y su Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, que los gobiernos peronistas posteriores ignoraron. También el actual, que envió a un ministro con sindicalistas a Europa para enterarse de lo que el Modelo planteaba hace 44 años: el Consejo del Proyecto Nacional, ahora llamado económico y social. Si leyeran a Perón, se habrían ahorrado el esfuerzo de esa gira.

Aquel Perón inspiró a Antonio Cafiero y la renovación aliada de Alfonsín, en defensa de la democracia. En la interna del 88, por la candidatura presidencial, un patilludo Carlos Menem salió beneficiado por la sospecha de oficialismo que los ortodoxos derramaban sobre la renovación peronista. Lo mismo que hacen ahora los “duros” con el peronismo de centro, por el que a Cafiero lo tachaban de “socialdemócrata”. El califa, ya despatillado, cambió a Balbín por Alsogaray, y de su abrazo (con Cavallo de padrino) nació la segunda década infame. Ese hombre juró ser “el mejor discípulo del General”, poniendo a la hija del ingeniero militar en el lugar de Evita.

Golpeado por los efectos de esa épica, el peronismo perdió en el 99. Así empezó la declinación de Duhalde.

Un ignoto caudillo patagónico, sacado del banco de suplentes para las elecciones de 2003, desplazó al califa y después fue por Duhalde. Pero Kirchner, en clave santacruceña, ejecutó la consigna de su ex jefe: “Volver al peronismo”. Como el peronismo estaba intoxicado de menemismo, el Flaco se justificó con que “la izquierda da fueros”.

Esa izquierda, la del “relato” montonero tardío que ocultó al “último Perón”, le cobró caros esos fueros al peronismo, desde que Néstor juntó los votos en 2007 y se los obsequió a Cristina.

La chica de la periferia platense, así devenida presidenta, fue deslumbrada por la historia, que le tenía reservado un lugar junto a Juana Azurduy y a Rosa Luxemburgo. El “relato” la convenció de que la Argentina Nac&Pop debía seguir el camino de Cuba y Venezuela, con ella como autoridad suprema de la “revolú”

El califa y la comandante, después de sus décadas doradas, dejaron exhausto al peronismo. De la Rúa y Macri lo prueban. Hay 2019, pero aún no se sabe si esta vez la renovación le ganará la pulseada a los neo-ortodoxos, también conocidos como “mariscales de la derrota”.