@jorgecicu

Cuando el gobierno nacional respiraba aliviado porque pudo controlar el precio del dólar y lograba salir del conflicto por el aumento en cuotas de la tarifa del gas -porque finalmente no lo pagará el usuario de manera directa-, el clima político se calentó por un nuevo ultimátum público de Elisa Carrió al presidente Mauricio Macri. “Con Macri me voy a amigar cuando saque a Garavano”, dijo Lilita ante un auditorio de empresarios, minutos antes de que en el mismo lugar hablara el Presidente.

Después de un frío saludo del jefe de Estado, Carrió pisó el freno. Dijo que fue “una broma” y que postergaba el pedido de juicio político al ministro de Justicia, Germán Garavano. No es la primera vez que Carrió critica al gobierno por alguna medida que toma o a algún funcionario. Y luego se calma. Pero esta vez, para muchos en la Casa Rosada, pasó un límite. En esta ocasión criticó y le hizo una advertencia pública al propio Macri.

Fue el ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro, quien después de una reunión de gabinete le envió la respuesta: “Nadie debe condicionar al Presidente”. Una idea compartida por todos los ministros. ¿Qué le pasa a Carrió? ¿Quiere irse de Cambiemos? ¿Quiere tener el mismo poder que el Presidente? “Yo no rompo Cambiemos porque yo lo inventé”, declaró ayer Lilita.

Es que algo de eso hay. En alguna parte de su cabeza está la idea de que Macri es presidente gracias a ella. Entonces le habla de igual a igual. Lilita parece creerse a la altura de Macri. Y eso es un problema. Eso la hace cruzar límites inconvenientes. Porque afecta la figura presidencial. Y por más que haya aportado a la creación de Cambiemos, quien ganó la elección fue Macri, no ella.

Quien logró los votos fue Macri, no ella. El frío saludo -”un besito nomás, seco”, lo definió Lilita- que le dio Macri el jueves a la mañana fue una señal que la líder de la Coalición Cívica parece haber entendido. Porque minutos después sacó su tuit dando marcha atrás. Esta vez pasó un límite. ¿Lo volverá a hacer?