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@JavierCarrodani


En lo que va de la gestión del presidente Mauricio Macri, más de una vez se planteó desde las filas de la coalición oficialista Cambiemos la hipótesis de que hay sectores de la oposición que quieren desestabilizar al gobierno, incluso al punto de sacarlo del poder de facto. Una de las voces cantantes de esta postura es la diputada nacional Elisa Carrió, lider de la Coalición Cívica, que integra el frente Cambiemos. Lo que plantea es que hay quienes no aceptan que gobierne el país otra fuerza política que no esté vinculada con el peronismo. Eso convierte al gobierno actual en un blanco posible de un golpe institucional similar al ocurrido en 2001 con Fernando de la Rúa. Sin embargo, la misma diputada Carrió también relacionó la última corrida cambiaria de abril y mayo con "sectores que alientan el golpismo", algo que parece apuntar a gente no tan emparentada con el peronismo, ya que quienes podrían influir para que se genere una corrida del dólar contra el peso son personas muy vinculadas con el sector financiero, las cuales -quedó muy claro sobre todo entre 2001 y 2015- lejos están de los postulados kirchneristas e incluso del famoso verso de la marcha peronista que dice "combatiendo al capital".

Pero más allá del fantasma que parece agitar Carrió, lo concreto es que las apelaciones públicas a que Macri se vaya de la Casa Rosada antes del 10 de diciembre del año que viene -cuando concluye su mandato presidencial- han sido aisladas y por parte de dirigentes que tienen muy poca representatividad política y social. Inclusive hay una iniciativa de juntar un millón de firmas en todo el país para presentar ante el Congreso un pedido de juicio político al jefe de Estado, algo que a primera vista parece inimaginable de lograr. Y aun en el improbable caso de que ello ocurriera dentro de algunos meses, por ejemplo durante 2019, el asunto resultaría impracticable dado que ya se estaría en plena campaña hacia las PASO. Si hay algo que la inmensa mayoría de la ciudadanía parece tener claro a esta altura es que los gobiernos se ponen y se sacan en las urnas.

Todo lo que costó reencaminar institucionalmente al país luego de forzar la renuncia de De la Rúa -con el papelón de los cinco presidentes en una semana incluido- debe ser una enseñanza para no olvidar.