Las organizaciones sociales y un dilema muy particular.

ehadida@diariobae.com 
@ernestohadida 

A pesar de que el gobierno cierra filas públicamente y defiende lo hecho por la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en la investigación por la desaparición forzada de Santiago Maldonado, en privado buscan la forma de desactivar cualquier otro reclamo político en las calles que le agregue tensión territorial y mediática, a menos de dos meses de las elecciones legislativas de octubre.

Para esto, las dos carteras más complicadas en el corto plazo, el Ministerio de Trabajo y el de Desarrollo Social, volverán a apelar a la estrategia de Durán Barba y buscarán ahondar “la grieta” que divide a los dos actores que amenazan con llenarles la ciudad de Buenos Aires de gente y problemas: la CGT y las organizaciones sociales.

Lo cierto es que sembrar cizaña entre esos dos colectivos acaso no sea muy difícil, porque los representantes de la Confederación General de Trabajo (con su inestable triunvirato conductor) y las organizaciones sociales (que aún no logran consolidar un bloque hegemónico, tironeados por la política partidaria local) no tienen la cohesión interna necesaria para incrementar los pocos dolores de cabeza que le causan al gobierno.

En rigor de verdad, para muchos de los estrategas políticos de la Casa Rosada, la CGT y las organizaciones sociales no son vistas como “enemigos”, sino más bien como un heterogéneo y atomizado conglomerado de reclamos, a los que pueden aplacar con poco esfuerzo, utilizando el ingenio y la billetera para dividir y reinar.

En este contexto, los deseos del FpV y la oposición en general de “acrecentar las contradicciones del gobierno con la gente movilizada” sean un escenario difícil de pensar, si se toma en cuenta que la CGT, sin un liderazgo claro y en un contexto de pérdida de empleo, se replegará hacia la seguridad y la prudencia de cuidar lo que tiene, y no desafiar con paros o marchas la Casa Rosada.

Del otro lado, las organizaciones sociales, conscientes de que una nueva protesta las distanciaría todavía más de los sectores de clase media, intentarán, por todos los medios posibles, negociar una mayor cantidad de subsidios sociales y económicos con el gobierno y no dejarse llevar a una conflictividad creciente, táctica que creen es la que impulsan desde los despachos oficiales para demonizarlos y así  ensanchar “la grieta”. Una estrategia que, a la luz de lo ocurrido en las PASO, ha sido muy efectiva.

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