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En tránsito hacia las elecciones de octubre, el gobierno dejó de lado cualquier lógica para insistir en lo inimaginable por su fracaso económico. En corto revisionismo, conviene tener en cuenta que desde 2015 hasta la fecha la Casa Rosada argumentó, por ejemplo, "crecimiento invisible". Quizás algún día los historiadores redacten una viñeta al respecto.

En trazos del "siempre es hoy", simpatizantes confesos del liberalismo nos rubrican, sin lugar a broma, que lo que ejecutó Cambiemos "no es liberalismo"; mientras que desde la derecha, en modo de pretendida simpatía, le espetan a la clase obrera que uno de los males de la Argentina radica en la legislación laboral: "Pondera a los trabajadores en rango de hijos, cuyos padres -los empleadores- no pueden abandonar", dicen sin ruborizarse algunos expertos.

Antes de estas delicadezas, la dinámica de contratar y despedir tuvo metáforas digestivas en cuanto a "comer y descomer". El maltrato a la ciudadanía, incluso a la que adhiere al oficialismo, se manifiesta cuando se hacen flamear las banderas vintage del "cuco" o "el hombre de la bolsa", pero en modo revolucionario.

Alertan así a los propietarios de inmuebles sobre que "sus departamentos podrán ser tomados por los mentores de una próxima revolución". Y en la misma jugada, desde falanges plenas de alcurnia se denuesta al papa Francisco por atreverse a sostener que "la pobreza no es inevitable".

¿Tendría algo más de respeto y no tantos disparos de odio pleno el ex cardenal Bergoglio si su jerarquía eclesiástica hubiera alcanzado la calidad de capellán? Es tiempo en que, a fracaso de modelo, sus ex adherentes sacrifican a sus capitanes, para enumerar que Mauricio Macri, Fernando de la Rúa o Carlos Menem fueron presidentes que no dieron el talle del liberalismo.

Soslayan que, para otro "encuadre político", de 1976 a 1983 también fracasó la receta capitalista, sin interferencias político/sindicales. Y los soñadores de un Estado a nivel de cantón suizo consideran que nada será posible "si no somos un país normal", léase: nos dicen anormales a muchos.

Viene a cuento entonces una frase del jefe de gabinete, Marcos Peña Braun: "Háganse cargo".

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