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Buscando dejar atrás no sólo en el tiempo sino en la memoria la semana pasada, el gobierno intentará en los próximos días retomar protagonismo y recuperar el centro del ring político. En una semana en la que la oposición volverá a insistir, y esta vez con más chances que nunca, con la aprobación en la Cámara de Diputados del proyecto de ley para limitar los tarifazos energéticos, el presidente Mauricio Macri prepara una agenda en la que cada uno de sus ministros muestre lo mejor que tiene.

Por eso se redoblará la presión sobre los gobernadores del peronismo para seguir mostrando disidencias sobre ese proyecto, buscando al mismo tiempo limar las chances de su aprobación futura en el Senado. El encargado de levantar el teléfono es Rogelio Frigerio, quien tiene una nueva herramienta para la presión política: el viernes se anunció un recorte de 30 mil millones de pesos a la obra pública, sin decir cuál se dejaría de hacer.

También habrá pedido para los oficialistas, que llegarán en la tarde del lunes a la Casa Rosada para la reunión de la Mesa Nacional de Cambiemos. Convocada originariamente para discutir la planificación electoral, iba a realizarse en Córdoba. Los hechos de los días pasados trastocaron los planes: ahora será en la sede del Poder Ejecutivo nacional, y con la exigencia de reivindicar el rumbo trazado por Macri y su gabinete.

Además, el Presidente ordenó a su ministro de Energía mover todos los hilos posibles para dilatar el inminente aumento de las naftas. Sabe que la economía no puede recibir otro sacudón y que tanto la inflación como las paritarias aún abiertas no resistirían otro empuje similar.

Nicolas Dujovne y a  Federico Sturzenegger les fue encargado devolver la tranquilidad al mercado cambiario, y buscar entre inversores y empresarios el compromiso de mantener el rumbo. A los segundos, además, les pedirán no subir los precios. A pedido de  Elisa Carrió, habrá en los próximos días anuncios de créditos hipotecarios y mejoras para el dinero que se presta a los jubilados a través de la ANSES.

El gobierno abre su abanico y busca retomar la agenda política y económica con buenas noticias. Será no sólo un desafío, sino también una prueba de su credibilidad, con una meta inflacionaria sostenida pero absolutamente fantasiosa, y un enrarecido clima interno.