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Bienvenidos a diciembre. Ese mes que debería ser el preludio del descanso, el fin de una etapa -laboral, escolar, de trámites- pero que en nuestro país es lo más parecido al infierno. Y no sólo por el calor, que empieza a asomar y fundirnos el alma con el pavimento, sino porque la política argentina está en su punto más candente.

Suceden cosas raras, difíciles de entender para el "ciudadano de a pie", esa gente que no conoce los entramados del poder y el porqué de algunas decisiones. Que el juez Claudio Bonadio haya pedido el procesamiento, con prisión preventiva, de Cristina Fernández -horas después de haber jurado como senadora- genera inquietudes.

¿Por qué esperar a que la ex presidenta obtuviera sus fueros, ya de forma plena, para tomar esa medida? Da la sensación de que el magistrado busca patear la pelota hacia el Congreso, y lograr que un asunto que se presume judicial termine siendo variable política. Si bien Miguel Ángel Pichetto ya adelantó que el Senado rechazará el pedido de desafuero de la dirigente por encubrimiento del atentado a la AMIA, la remotísima posibilidad de que la líder de Unión Ciudadana vaya a prisión le echó nafta al fuego en el que nos cocinamos por estos días. ¿Era necesario agitarla así?

Otra vez, las calles tomadas, ahora por quienes consideran una arremetida sin sustento del gobierno contra la flamante legisladora. Desde el Ejecutivo afirman "estar sorprendidos" por la disposición de Bonadio, pero nadie lo registra: haya sido o no idea del macrismo, esta aventura judicial puede terminar martirizando a Cristina y enojando a los que, más allá de si simpatizan o no con esta gestión, entienden como abuso el pedido de prisión para una persona sobre la cual no pesa condena alguna ni presenta peligro de fuga.

La furia que se amontona cada año durante los 11 meses previos siempre encuentra un fusible, y las "movidas" de avispero no ayudan. La sociedad, en general, harta de los constantes problemas para circular en el área metropolitana, sólo quiere algo de paz. Mientras, los que dirigen nuestros destinos juegan sus cartas.