@jorgeciccu

Nadie duda de la existencia de la grieta y de su protagonismo en las elecciones presidenciales de este año. Macrismo y kirchnerismo aparecen de uno y otro lado. Enfrentados, inflexibles, representan los comicios como un campo de batalla entre dos modelos de país totalmente distintos.

Mauricio Macri es el candidato de un lado de la grieta. Cristina Fernández de Kirchner, la candidata del otro lado. Pero en este punto se da una circunstancia nada menor: la ex presidenta no ha anunciado aún su disposición a ser candidata, incluso con sus últimas palabras sobre la salud de su hija Florencia sembró muchas más dudas sobre su futuro electoral.

¿Y si finalmente Cristina no es candidata? ¿En qué queda la grieta? Macri estará de un lado, ¿y del otro? ¿Puede subsistir como estrategia de campaña una grieta cuando se queda con un solo lado?

Ante esta posibilidad, desde el oficialismo comienzan a ampliar el espectro de "culpables" de la crisis argentina. El propio ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, responsabilizó a Roberto Lavagna por los problemas económicos actuales de la Argentina: "Parte de los problemas que estamos viviendo vienen de su gestión", dijo en Washington, durante su encuentro con las autoridades del FMI.

Lavagna, aún sin oficializar su candidatura, aparece hoy como un contrincante inesperado, unificador del peronismo. Y esto es un serio problema para las aspiraciones de reelección.

Porque gran parte de la sociedad no identifica a Lavagna como un protagonista de la grieta. Por lo contrario, lo ven como una figura que puede unificar más que dividir.

Al oficialismo le ha surgido, de cara a octubre, el problema de la "grieta renga". Una división con un solo protagonista. Porque la estrategia electoral de fomentar la grieta sirve, siempre que existan dos contrincantes que provoquen fuertes adhesiones y rechazos. Si no es así, se debe cambiar de estrategia.

La "grieta renga", otro problema del oficialismo, que se suma a la inflación, el desempleo, la pobreza, el dólar y varios más.