El rostro de Santiago Maldonado inunda las calles desde hace 30 días

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@AnaliaCab 

Signo de estos tiempos frenéticos, donde siempre hay que tener un tema de debate con su correspondiente división de bandos -redunda destacar que en nuestro país todo es blanco o negro-, la desaparición de Santiago Maldonado adquirió ribetes inesperados a ambos lados de la grieta. La marcha hacia Plaza de Mayo, convocada para esta tarde, viene antecedida de una guerra dialéctica feroz entre el gobierno y la oposición, entendida esta última no sólo como los partidos rivales de Cambiemos, sino también las distintas organizaciones sociales y sindicatos que enarbolan el misterioso caso como su reclamo más fuerte de los últimos meses.

El rostro del joven inunda las calles desde hace 30 días, es eje de una intensa campaña en redes sociales, con miles de famosos y anónimos pidiendo por su aparición con vida. Y desde el lado oficialista, cada vez que un funcionario habla en público, inevitablemente se refiere al tema, a veces con argumentos y otras con excusas.

En sintonía con la tardía difusión de los resultados de las PASO en provincia de Buenos Aires, que dieron finalmente como ganadora a Cristina Fernández, el caso Maldonado crece en su plano simbólico minuto a minuto. Es que esta situación, que pone en un lugar muy incómodo al Ejecutivo, amenaza como nube negra de tormenta un cielo complicado, a menos de dos meses de las elecciones legislativas y con la ex presidenta siendo disputada por los periodistas más populares, que quieren entrevistarla desde que escucharon que Susana Giménez la pretendía, cual estrella de rock.

El apuro por tener algún dato real que brindarle a la población sobre el paradero de Santiago, y la premura de los detractores del gobierno por pegarle cada vez más duro, crean un caldo de cultivo para la agresión, sazonada con la mala costumbre de algunos grupos de manifestarse de manera violenta y, para colmo, anónima tras una capucha.

En el medio, en ese gris cada vez más finito, quedamos los que creemos que la verdad está a medio camino entre los extremos, y sólo queremos un país más transparente, en el que se pueda transitar diariamente con relativa tranquilidad. ¿Llegará ese día?