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En septiembre de 2015, los países miembros de la Organización de Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible; 17 objetivos con tres metas globales tan nobles como claras: poner fin a la pobreza, luchar contra la desigualdad y la injusticia y hacer frente al cambio climático.

En ese marco, se consignó el año 2025 como aquel en el que el trabajo infantil debería ya haber sido erradicado Sin embargo, en la actualidad aún existen 152 millones de niños víctimas de trabajo infantil en el mundo: 5,7 millones de ellos, incluso, sometidos a situaciones de trabajo forzoso -como el de los tareferos, o el de aquellos pequeños que fueron rescatados de talleres textiles clandestinos-.

Los niños que trabajan -pidiendo en la calle, limpiando vidrios, haciéndose cargo de las tareas del hogar, cuidando de sus hermanos menores de forma remunerada o no- son niños sin infancia. Porque se ven privados del juego -una instancia vital en el aprendizaje de todo menor de edad-, porque se atenta contra su potencial y contra su dignidad, porque se vulnera su derecho a la educación y porque se ven sometidos a presiones y situaciones a las que no deberían estar expuestos.

El trabajo interfiere en su desarrollo físico e intelectual, tanto como lo hace una dieta carente de nutrientes. Más aún: según datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina, la mayoría de los chicos que trabaja no termina su educación “y en el mejor de los casos, continuará sus trayectorias vitales en el marco de trabajos precarios, inestables y en condiciones profundamente nocivas para su salud física y psicológica”.

Según cifras oficiales, en los últimos años disminuyó en Argentina la cantidad de niños en situación de trabajo. Aun así, falta mucho por hacer en la medida en que el 45,8 por ciento de los niños y niñas de entre 0 y 14 años de nuestro país viva en situación de pobreza y un 9,6 en indigencia, tal como indican las últimas cifras del Indec. Contextos que, en la mayoría de los casos, derivan en trabajo infantil. Trabajo que, al igual que el esclavo, no debería existir.