Después de un mes, el gobierno se refirió a su desaparición. 

lautalan@diariobae.com 

@LuisAutalan

En virtud de la tarea de un “focus group” (grupo focal), el gobierno nacional arribó a la conclusión de que era conveniente referirse con énfasis a la desaparición de Santiago Maldonado.

Sucedió cuando ese hecho cumplió más de un mes, con las consabidas repercusiones, proporcionales a su gravedad. Es menester considerar que el Ejecutivo tiene derecho a utilizar las herramientas que sus integrantes consideren necesarias para cumplir la misión gubernamental. Esa alternativa no lo autoriza a errar de cabo a rabo en cuestiones varias.

A fin de evitar eso tiene a la mano, como cualquier ciudadano, el aconsejable ejercicio del pensamiento crítico. En esa labor se analizará y evaluará la consistencia de los razonamientos y afirmaciones que la sociedad acepta como verdaderas en el contexto de la vida cotidiana.

Está dicho, el pensamiento crítico no deriva en criticar porque sí, desde la descalificación en boga y generalizada, o desde las veredas de la grieta. Allí donde la cuestión podría incluir que ante determinado argumento de un legislador -por citar un ejemplo- otro le responda no con elementos emanados del pensamiento, la ilustración, investigación y otros ejercicios, sino focalizando su réplica en la inconveniencia de lucir un traje a rayas, con una camisa estampada, sin corbata al tono.

En esa superficie se arrastra gran parte de la sociedad, incluido el periodismo. La gama bizarra comprende en otros calibres a quienes condenan por “traición a la Patria” a algunos futbolistas del Seleccionado nacional, tras el empate con Venezuela; a otros deslizando que la “violencia de género” es una cuestión menor; como también a otras personalidades que en los canales de televisión, respecto de una porfía menor, sueltos de cuerpo pontifican: “Si a mí me hacen tal cosa, yo lo mato”.

La entrega libre de odio sigue acumulando escaladas en el país, y los que entienden de historia y sociología aseguran que es con la misma bravura cíclica y a partir de la Primera Junta de Mayo, en 1810. Esos disparos potentes de odio, incluso desde las redes sociales, no excluyen como blanco al papa Francisco.

Justamente él, que en un mensaje al pueblo de Colombia -que lo recibió por estas horas- dejó una vez más un sabio consejo. Invitación incluso adaptable -en calce perfecto- a nuestra realidad, cuando llamó a “desactivar los odios, renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, la verdad y la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.