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Con alguna pizca de asombro y sin necesidad de análisis exactos sobre política internacional, infiere hasta candor que la actualización o no de los sistemas para telefonía celular -dependiendo de las marcas- sea un capítulo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, expediente que nos incumbe a todos, según dicen.

Sin renegar de la tecnología, el contraste de ese punto bélico mercantil y la mansa aceptación de la hambruna mundial como fenómeno casi inevitable invita a pensar no sólo en cuándo, cómo y por qué. Incluso hay quienes recortan diarios antiguos en ejercicio de fe poética para sostener que la Argentina tiene hoy la misma cantidad de pobres que en 1982.

Por supuestas autovías de la evolución, de tanto en tanto asistimos al recetario que vía focus group de veneración enaltecen algunos foros. Vale recordar que un "grupo focal" asimila técnicas cualitativas de estudio de opiniones/actitudes del público respecto de veredas sociales y comerciales, empero, desde una construcción artificial.

El riesgo de abordar lo "no natural" como materia viva suele arropar conclusiones erróneas y nocivas. A saber: quizás en ese camino se tomará referencia de que muchos ciudadanos abandonan el hábito del desayuno por cursi, o se alejan de los planes de vacunación en rigor científico, o adquieren sobras de comida vía celular en rebeldía, privilegian la ingesta de los cortes de carne más económicos por patriotismo y hasta catalizan la pérdida de su empleo registrado en beneficio de mayor tiempo libre y zonas libres de estrés.

A riesgo de mejor opinión, sin dudas está la política con su histórico objetivo de administrar poder en beneficio de un pueblo, para cubrir necesidades básicas o abrir puertas de mejor porvenir. Desde ya que su ejercicio nos obliga a mejorar performances, como también que su esencia proclama valores, compromisos o esencia por el bien de un país, tan simple, tan complejo.