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Con un duro documento y filosas declaraciones, los popes de la CGT Luis Barrionuevo y Hugo Moyano marcaron el giro de los gremios en su relación con el gobierno nacional.

El mismo llegó después de las luces rojas del oficialismo hacia los sindicatos en sus reclamos sectoriales, antes del inicio de nuevas paritarias y en medio del freno a la reforma laboral, otro alto a las intenciones del gobierno, que pese a ganar las elecciones debió recordar a la fuerza que sigue en minoría parlamentaria.

Que la conducción de la CGT haya acordado apenas un mes y medio atrás el mismo texto que ahora piden no votar es una muestra del giro que se decidió. En el medio, por supuesto, estuvo la inmensa resistencia popular a la reforma previsional, que el oficialismo logró sancionar, pero con una victoria pírrica que lo obligó a postergar el resto del paquete presentado tras las elecciones como parte del "reformismo permanente".

Por eso, las dudas en la sociedad sobre si hay una decisión de enfrentar un plan económico que hasta ahora no tuvo beneficios para los trabajadores, o apenas una estrategia para enfriar las denuncias de corrupción contra sus dirigentes y lograr un regreso de la mesa de negociaciones.

Que la resistencia la encabecen hombres como Luis Barrionuevo o Hugo Moyano, con infinitas sospechas sobre sus patrimonios, expone hasta qué punto es frágil la oposición de los gremios cuando la Justicia confirma todas las semanas que está al servicio de cada gobierno de turno.

También es cierto que la falta de liderazgo de los sindicatos ante los avances del gobierno hizo recordar en varias oportunidades una de las verdades del peronismo: "Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes".