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@javiercarrodani 

Cualquiera puede darse cuenta de que la legitimidad de un reclamo político, económico, social, sindical o de cualquier otra índole no tiene por qué verse afectada si durante el ejercicio de la protesta se producen hechos de violencia y/o vandalismo. Sin embargo, esos episodios terminan empañando todo.

En los gravísimos incidentes ocurridos en los alrededores del Congreso, los grupos minoritarios de siempre -sí, minoritarios aunque el lunes fueron más numerosos y organizados que en otras ocasiones- provocaron que lo que se debatía dentro del Parlamento pasara a segundo plano para la cobertura mediática.

Está claro que televisivamente impacta más un cruce de pedradas, gomerazos y hasta bengalas contra gases lacrimógenos, balazos de goma y chorros de agua, que diputados discutiendo argumentos o chicaneándose recíprocamente, da igual. La contracara a esto se produjo horas más tarde, con los numerosos cacerolazos en Buenos Aires y en otras ciudades del país, en los que prácticamente todo se realizó con mucho ruido pero sin disturbios.

El recurso de la violencia tiene que ser desterrado. Las organizaciones sociales y partidos políticos deben entender que no va más el recurso de "pudrirla" para ver si un estado de caos puede torcer algún rumbo. Lo normal es que eso no se logre, ya que -por fortuna- sólo algunas minorías se embarcan en esas actitudes.

Sin embargo, el recuento de heridos, detenidos y daños materiales a los ojos de muchos tapa el motivo inicial de las protestas y hasta les da letra a los gobernantes. No casualmente el presidente Mauricio Macri habló este martes de " violencia orquestada". Reclamar es legítimo y muchas veces necesario ante medidas o decisiones de gobierno que perjudican a los más débiles o desfavorecidos.

Reunirse y manifestarse en las calles también es un derecho de todos, pero partirle la cabeza a un efectivo de seguridad no tiene el menor justificativo, por más que quien lo intente se quiera escudar en las causas sociales más nobles que puedan existir. Hay que aislar a esos grupos de una vez por todas.