El presidente sostuvo que el estado y el sector privado son "uno solo" para generar empleo y lograr pobreza cero.

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@JavierCarrodani 

Tal como ya hizo en ocasiones anteriores, el presidente Mauricio Macri sostuvo ayer que, en el trabajo por alcanzar los objetivos de “generar empleo y pobreza cero”, el sector público y privado “somos un único equipo”. Más allá de que suena mucho a eslogan, esa consigna sirve como disparador para otro planteo, dando por cierto que ha surgido un deseo mayoritario de la población: hacer que en el país todo vaya mejorando para que sus habitantes vivan cada vez mejor.

En esa línea se inscribe un reclamo que no por viejo y conocido deja de ser válido: el Estado -a nivel nacional, provincial y municipal- debe mejorar los servicios para los cuales está mandatado: salud, educación, seguridad, vivienda, infraestructura, obra pública y justicia, entre otros. Eso da legitimidad a los reclamos de los ciudadanos, en su condición de tales y también de contribuyentes que ayudan al sostenimiento de los Estados, para que tanto funcionarios como empleados públicos se esfuercen y se capaciten permanentemente para cumplir sus funciones cada vez con mayor eficiencia.

Sin embargo, para que el avance sea real y completo, la misma exigencia debe correr para todos y cada uno de los que se desempeñan de forma privada, sea en la producción de bienes o en la provisión de servicios. La consigna debe ser la búsqueda de la excelencia, más allá de que en la práctica seguramente nunca se alcance.

Pero es el camino que permite, al menos, ir mejorando la calidad de aquello que se hace. Esto vale para un operario de una fábrica de herramientas como para un docente, un empleado administrativo, un médico o un encargado de atención al público. Y, del lado de los generadores de puestos de trabajo, esa búsqueda debe incluir la provisión a los empleados de las mejores condiciones posibles para que ellos, a su vez, puedan alcanzar su mejor rendimiento. Al fin de cuentas, se trata de que todos nos respetemos y, a partir de allí, busquemos el bien común