En tiempos en que los gimnasios se llenan de hombres y mujeres en busca de la fuerza, habría que recordarles que la madre de Miguel Ángel murió cuando él tenía seis años, por lo que el escultor italiano fue criado por la mujer de un picapedrero.

Miguel Ángel tuvo la fuerza de espíritu necesaria para poder comprender la dimensión del amor de esta familia de obreros de la piedra, tanto es así que consiguió sacar de una roca de mármol la más célebre escultura de todos los tiempos: El David.

Martín Luther King, ya herido mortalmente, usó sus últimas palabras, para pedirle al músico Ben Branch que esa noche tocara de la manera más hermosa. Él tuvo la fuerza para entender que su legado persistiría en todos aquellos que estén del lado de la música del mundo.

Fray Luis de León fue apartado de su cátedra en la universidad y apresado por la “Santa Inquisición”. Luego de cinco años en prisión, fue restituido, y sus primeras palabras en el aula fueron: “Como decíamos ayer…” Es decir, ni la censura, ni el calabozo, ni la opresión, pudieron con la fuerza de su verdad que se mantuvo intacta.

Sixto Palavecino, cantor y violinisto santiagueño, tenía la necesidad de cantar chacareras en el idioma de su comarca, el quichua, por lo que tuvo la fuerza de voluntad de hacer, con la madera de una vieja mesa, su primer violín, con el que le enseñó a la Argentina el lirismo de su idioma.

La orden de la Estrella se fundó en 1911 para proclamar la llegada del “Instructor del mundo”. Por lo que sus dirigentes educaron al niño indio Krishnamurti, para que en un futuro ocupara tan importante rol. Sin embargo, fue el propio Krishnamurti, el que en 1929, cuando asume como líder, disuelve la orden de la Estrella.
 
El que había sido preparado para ser el instructor del mundo, tuvo la fuerza para comprender: “… yo no quiero seguidores, y quiero explicar esto. En el momento en que usted sigue a alguien, usted deja de seguir a la Verdad. .. Yo deseo librarlo de todas las jaulas, de todos los miedos; y no fundar religiones, nuevas sectas, ni establecer nuevas teorías ni nuevas filosofías…”

Apenas recibida de Licenciada en Filosofía y Letras, Leda Valladares viajó a Cafayate y escuchó cantar vidalas a unas copleras. Fue tan impactante lo que sintió que decidió abandonar para siempre la filosofía occidental, y tuvo la fuerza de consagrar su vida a estudiar, cantar y difundir esa “música de indios”, a la que nuestra “cultura oficial” siempre le había dado la espalda. 

La fuerza es eso que tuvo Chicha Mariani, para buscar a su nieta desaparecida, haciendo del dolor, una herramienta de esperanza; y aunque se murió sin hallarla, dejó un gran mensaje: el que busca con amor, cambia el mundo. 

Cuando ande en busca de la fuerza, no vaya al gimnasio, busque entre la gente.