Julio De Vido se quedó sin abogados. 

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De los tres poderes sobre los que una república asienta sus bases, el Judicial es, idealmente, el más confiable y transparente, transversal a la dirigencia de turno y, por sobre todas las cosas, apolítico. A diferencia del Ejecutivo y el Legislativo, sus miembros no son elegidos a través del voto popular, lo cual debería garantizar dichas características.

Sin embargo, en Argentina, la Justicia es esa instancia a la que nadie que espera resolver algo pretende llegar. Cual manto de niebla, conforma una zona gris que dificulta la visión y obstaculiza el fluir de los acontecimientos. En nuestro país, la muerte del fiscal que investigaba el atentado a la AMIA lleva dos años y medio sin tener un “diagnóstico” definitivo e irrefutable sobre si fue suicidio o un asesinato.

El repentino apuro pre-elecciones hizo que haya nuevos peritajes y pronunciamientos de la Corte Suprema por el caso, una investigación en la que Viviana Fein, a cargo originalmente, se tomó semanas para ordenar análisis en el vehículo de Alberto Nisman, por citar un dato “de color”, en una causa con tantas idas y vueltas, marchas atrás y dudas sobre todos los involucrados, que está cerca de consagrarse como papelón histórico.

Santiago Maldonado lleva desaparecido casi dos meses, pero recién en el día 49 el juez Guido Otranto ¿pudo? ¿quiso? allanar el Pu lof en Resistencia, de la comunidad mapuche. Por supuesto, sobrevinieron segundas lecturas sobre estos casos que amenazan tornarse en “pos-verdades”: a Nisman lo mató la corrupción kirchnerista, y a Maldonado lo desapareció la incapacidad del gobierno actual.

Dos vidas en la línea de fuego de la dialéctica política, y el ida y vuelta de un juego que se queda en la oratoria y busca lastimar al adversario sin modificar los errores de los dirigentes ni padeceres de nuestra sociedad. A seis días de que se inicie el juicio contra Julio de Vido por la “tragedia de Once”, todos sus defensores renunciaron.

Los argumentos: no vale la pena defenderlo, porque en cierta forma “ya está condenado”. Cosa que advirtieron horas antes de que arranque el proceso. Maniobras dilatorias, campañas difamatorias; nuestra Justicia es ese lugar donde todo se pone difuso y las esperanzas de ser un país serio se diluyen.