rtassara@cronica.com.ar 

Las nuevas tecnologías de la comunicación, se dice, ayudan al desarrollo de la conciencia social y política; pero lo cierto es que no hacen milagros. Allí donde lo que abunda es maniqueísmo, fanatismo y demás efectos de la "grieta", las tecnologías se limitan a reflejarlos (lo que no es poco). Superar ese estado de barbarie, depende de la política.

Los antecedentes no son alentadores.  Raúl Alfonsín no terminó el mandato de 6 años; Carlos Menem, reforma constitucional mediante, logró reducirlo a 4 con reelección, y así completó 10, aunque después pretendió una nueva reforma para llegar a 14; Cristina Kirchner imitó su ejemplo, por boca de una diputada que salió a deplorar "la alternancia boba" en el gobierno, mientras Eugenio Zaffaroni postulaba la nueva reforma para habilitar tres mandatos al hilo. Cristina, a diferencia de Menem, se bajó enseguida de ese intento.

En 2015, "la alternancia boba" instaló a  Mauricio Macri en la Rosada. Ahora, Cambiemos empieza a sobar la idea de la reelección, o del reemplazo de Mauricio por Marcos Peña; en cualquier caso, un gobierno de 8 años. La clase política pretende que la sociedad se resigne a sufrir dos mandatos de un mismo color. Si los kucas reinaron 8 años, ¿por qué los globoludos no?

Todos necesitan probar las bondades de sus "modelos", para lo cual la Justicia debe ser permisiva con el oficialismo de turno. El de Menem (estallado en manos de Fernando VIII) dejó 2 millones de desocupados; el de Cristina, 30 por ciento de empleo marginal, degradación institucional y desquicio de las cuentas fiscales; el de Cambiemos, en 8 años podría superar al de Menem y consolidar nuevos daños, como una deuda impagable y un derecho laboral torcido, compatible con el vasallaje del siglo XXI.

Entre kucas y globoludos, estamos cerca del embudo que nos llevaría al fondo de la botella, donde flotan las republiquetas exportadoras de materias primas, con industrias flacas y un tercio de la población dependiendo de la dádiva estatal para sobrevivir. El "cambio" amarillo, respecto del menemismo, pivotea sobre el uso sistemático de las redes sociales y la comunicación digital para manipular a la opinión pública.

Si el califa de Anillaco hubiese tenido semejante recurso, quizás hoy seguiría gobernando en ese remoto país sudamericano que es la Argenchina. Urge encontrar una alternancia que no sea tan "boba".