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La necesidad de generar expectativa generó también decepción después. Hubo un descalce, muchas veces, entre la promesa y el resultado, que fue horadando la credibilidad del programa económico y del gobierno ante la sociedad. Empezás a fallar en los pronósticos, y un programa económico depende mucho de la confianza. Eso nos llevó a que en el segundo tramo de gobierno, donde cambió todo el contexto para mal, se hiciera la tormenta perfecta de quedarnos sin crédito.

Entonces, empeñar la palabra, decir ‘va a pasar esto en seis meses’, basado en el mejor escenario posible, es un riesgo que hoy no volveríamos a tomar”. A diez días de dejar la Casa Rosada, donde fue “los ojos y la inteligencia” de Mauricio Macri, Marcos Peña hizo una auténtica autocrítica de la gestión saliente.

Por primera vez, el todopoderoso jefe de Gabinete no dijo que “dejan la vara muy alta” ni que su fracaso es culpa de “la resistencia interna”, como planteó en otras declaraciones, sino que asumió algunos de los graves errores que se cometieron a lo largo de los cuatro años de la presidencia de Cambiemos.

De la promesa eterna del segundo semestre, convertida en un chiste que volvió como un bumerán. El sinceramiento llega demasiado tarde, mientras arman las valijas y cargan los camiones de mudanza del poder.

Si bien es saludable ver que vuelve al plano de la realidad, lejos del eslogan de campaña del “sí se puede” o el “lo damos vuelta”, el jefe de Gabinete debe todavía profundizar respecto del daño que causaron a la sociedad que venían a llevar hacia un paraíso, según sus propias promesas: pobreza, inflación y empleo, con caídas durante casi todo su mandato.

Inteligente organizador de campañas electorales, quizás la apertura a reconocer lo evidente sea parte de una estrategia que muestra cuán mal termina su gobierno: Peña adelantó que no formará parte de la política a partir del 10 de diciembre, un dato que coincide con la “mesa chica” que presentó Macri semanas atrás: junto con radicales,  Maria Eugenia Vidal Horacio Rodríguez Larreta, pero sin su hombre de confianza.

Quizás el último paso del jefe de Gabinete sea asumir la culpa del resto para intentar darle otra vida a su jefe. Lealtad al máximo, pero resultados al mínimo

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