La toma de los colegios y sus diferentes ópticas. 

lautalan@diariobae.com 
@luisautalan 

Oscar “Ringo” Bonavena, desde algunos trazos que destacó en la revista Satiricón, escribió una vez que “la experiencia es un peine que te dan cuando te quedaste pelado”. Además del torrente de simpatía y humor que desliza esa frase, ofrece elementos para considerar en esta Argentina, donde “la grieta”, en efecto de multiplicación no próspero, forma parte del PBI desde hace años o décadas.

El enfoque apunta a considerar que hay elementos inevitables, pero también corregibles. Por un lado, así como la juventud es por biología afín al ímpetu rebelde, su exaltación arrinconó a los veteranos por “estar fuera de onda” o simplemente porque “su tiempo ya pasó”. Entonces, por estas horas, cuando los periodistas entrevistamos a los alumnos que toman un colegio, con la severidad e intolerancia que no incluyen la construcción reflexiva de considerar que, a esa edad, hasta uno puede soñar cambiar el mundo con una canción, hay un yerro evitable.

Por otro carril de la autopista del facilismo argentino, se podrá considerar en forma arbitraria que fulano de tal “ya debería jubilarse” o “cómo es posible que zultano luzca ropas que huelan a rock and roll”. El paso del tiempo como la muerte son inexorables, de allí que los verdaderos sabios del mundo aconsejan que la reflexión, sin lugares comunes o a la venta en cualquier esquina, hace a la formación de aquellos que podrán asumir desafíos mayores a los propios e, incluso, a lograr la ansiada meta de ser felices, ni más ni menos.

El hombre en esta tierra, o donde la globalización lo ubique, tiene la gran posibilidad de construcción que infiere mayores desafíos que la destrucción desde el facilismo. Y los cambios que se anuncian para llegar a un futuro mejor, sea en la escuela del mañana o el país que nos merecemos, serán destino con alta probabilidad de alcance si, fuera de la brecha generacional, hacemos eje en una mixtura que incluya la potencia biológica de la juventud, con la veteranía sapiente que destacaron muchos hombres que brillaron hasta su final.

¿Es sencillo? No, hace a la necesidad de acuerdos tácitos y expresos, con esfuerzo, respeto y consideración, no hay dudas de que será por el bien de todos.

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