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Desde el surgimiento de los sistemas democráticos y las campañas electorales, en la opinión pública se ha instalado fuertemente una regla no escrita: en general, quienes se postulan a cargos que se obtienen por votación prometen más de lo que en realidad creen -o saben- que podrán cumplir si resultan elegidos.

Alguna vez el ex presidente Eduardo Duhalde llegó a decir que “no hay nada más mentiroso que político en campaña”. Ahora bien, esa concepción está tan arraigada en la conciencia popular que en los últimos años uno de los principales valores que remarcan varios candidatos es la coherencia y la confiabilidad cuando se comprometen a hacer algo.

De hecho, una de las virtudes que más se le reconoce a algunos políticos es que “dicen la verdad”. Pero se supone que eso debería ser lo habitual y esperable no sólo de un dirigente político, sino de cualquier persona de bien. De hecho, la campaña de 2015 del frente Cambiemos, hoy en el gobierno, hizo mucho hincapié en el discurso de no mentir, de sincerar estadísticas, de transparentar la gestión pública a partir de la difusión de cuánto dinero se destina desde el Estado a cada área, etc.

En este año electoral, tal vez el caso más extremo de esta tendencia lo represente Florencio Randazzo, quien justamente eligió la palabra Cumplir para denominar al espacio que lidera, dentro del Partido Justicialista. Y casi todos sus spots publicitarios ponen el acento en que -a lo largo de su carrera en la función pública y en la militancia política- siempre fue consecuente con lo que dijo o con lo que anunció que iba a hacer.

Lo paradójico es que características que deberían ser moneda corriente y valores sobreentendidos en cualquier dirigente, conformen el argumento central sobre el cual se monta gran parte de un discurso de campaña. Se presentan esas virtudes como elementos distintivos y casi excepcionales dentro del ámbito político.

Es, en definitiva, una muestra elocuente de la falta de valores y de sentido común que predomina en la política argentina, al punto de que sus propios actores asumen que destacar esos atributos puede inclinar al electorado a votar por ellos.