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Con un escenario político que se proyecte ideal para el oficialismo rumbo a 2019, el gobierno pone la lupa sobre la ecuación económica, que todavía no tiene solución: ¿cómo mantener el crecimiento y la actividad económica, mientras se acerca a las metas de bajar el déficit fiscal y frenar la emisión de deuda?

Hoy, la economía está impulsada por el Estado, que, obra pública y créditos hipotecarios mediante, impulsa la actividad. En ese marco, el déficit continúa creciendo, pese a los esfuerzos oficiales de reducir subsidios y trasladarle al ciudadano los costos energéticos y de transporte, entre otros. La balanza comercial (exportaciones menos importaciones) sigue en rojo, lo que suma presión a las cuentas.

Y las inversiones extranjeras, por el momento, no mueven el amperímetro. Es decir, no hay ingresos de dinero para las arcas estatales. El Presupuesto de 2018 tendrá un déficit estimado de 5,5 puntos, según Ecolatina. El otro gran problema a resolver es el exponencial crecimiento del endeudamiento público.

Para tomar dimensión de este problema, basta un dato: el gobierno paga más de intereses por la nueva deuda que lo que ahorró con el brutal recorte de subsidios desde que asumió. Es decir, pese al ajuste, hay que pagar más de lo que se ahorra. Es el resultado de una política que no consideró el impacto final del camino que se emprendía.

El futuro tampoco parece un paseo tranquilo. Habrá ajustes tarifarios el mes que viene, y también a principios del próximo año. Las subas de luz, gas, agua y transporte impactarán, a su vez, sobre los índices de la inflación, otro problema sin solución a la vista. También sobre la capacidad adquisitiva de los sectores medios y bajos, que aguantaron a duras penas los primeros rounds de la política del “sacrificio”.

En ese marco, el Fondo Monetario Internacional (FMI), que hará su revisión oficial de la economía argentina el próximo mes, ya adelantó su receta, con viejos aromas: “Nuevos recortes de los subsidios generosos y mal focalizados de la energía y en una racionalización del gasto en muchos otros ámbitos, como salarios”, así como “dotar de mayor flexibilidad a los mercados laborales, reducir la informalidad y abrir la economía al comercio internacional”.

Es decir, más ajuste. ¿Volveremos a ser alumnos ejemplares? Las respuestas, a partir del lunes 23