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La elección, que transcurre entre bostezos de los observadores, tiene varias similitudes y una diferencia clave con la de 2015. “El escenario ideal es perder por poquito con Cristina, y sacarle unos puntos de diferencia a Massa. Ahí el voto útil nos empuja en octubre y lo damos vuelta”, decían a este cronista en la Casa Rosada, cuando las encuestas sonreían a la ex presidenta.

La estrategia era repetir la disputa de 2015, cuando Mauricio Macri logró subirse al ring mano a mano con Daniel Scioli. Agosto fue una primera vuelta, y octubre será el balotaje. Así se dio. Allá anda Sergio Massa buscando un plan de control de daños que le permita seguir siendo una figura política de relevancia en noviembre, tras quedar lejos en las PASO y anticipando un retroceso masivo este mes.

Los demás trabajan sin cansancio para sacarlo del mapa. Vidal se llevaría la porción más grande de sus dirigentes, y también sus votos. La gran diferencia, claro está, es que ahora Macri (o Vidal, mejor dicho) enfrenta a Cristina Kirchner. Y que Cambiemos maneja los recursos del Estado, nada menos. Lo verdaderamente insólito es que la película podría tener un tercer capítulo de la saga Macri- Cristina, Cristina-Macri.

Sucede que hoy se construyen dos polos peronistas para disputar el poder frente al oficialismo en 2019. Los gobernadores no compartirán bloque con la patagónica, quien seguramente vuelva a participar en las presidenciales. Así, sin una figura que mida, los mandatarios provinciales terminarán optando entre emular al ex ministro del Interior, Florencio Randazzo, o a intendentes como Martín Insaurralde.

El de Lomas vio que las encuestas le sonreían a CFK, y se reincorporó a un espacio, que denostó desde 2015. Así lograría, al menos, ganar en su distrito y evitar que la amenaza del triunfalismo de Cambiemos le rodee el palacio municipal. El hombre de los trenes decidió romper y apostar por una construcción a futuro, pese a no tener respaldo de fuerza en las urnas.

Sería, una vez más, el escenario ideal para Cambiemos: un frente peronista dividido. Ganar o ganar. Por lo bajo, muchos en el peronismo pisan el freno antes de pedir la “jubilación” de la ex presidenta: “Nos dimos cuenta que Cambiemos viene por todos. Si no hay quién conduzca, en la próxima nos llevan puestos a nosotros también”.